Lo que está sucediendo en Nicaragua desde el mes de abril es percibido como una situación que pone en riesgo la frágil democracia. Pero al igual que en Venezuela, ¿es eso una democracia? Ortega está apegado al poder de tal manera que no parece que lo pudiera reemplazar nadie más. Muy tarde para los opositores, pues ya deben estar allá los cubanos, lo que implica que la sangre que falta por derramarse es bastante más de la que va hasta ahora.
Lo que hizo que Ortega luchara hace algunos años fue la falta de democracia que estaba en manos de la familia Somoza desde comienzos del siglo pasado; de Anastasio Somoza, el tercero de la familia que dominaba este país y a quien enfrentó duramente. Ortega sería presidente años más adelante, buscando que los menos favorecidos lo respaldaran, pues en ellos sustentaba sus propuestas. El largo período de los Somoza se caracterizó por tres elementos básicos, el caudillismo, ser una dictadura y pretender perpetuarse en el poder, es decir, es lo mismo que está haciendo Ortega ahora.
Ortega inició su primer mandato el 10 de enero de 1985, obteniendo un 63% de los votos. Puso en práctica un programa que tenía como inspiración el sistema socialista, marxista y leninista, esto en detrimento de la iniciativa privada. Para su segundo período obtuvo un 37,99% de los votos el 5 de noviembre de 2006. Sus primeros actos de gobierno fueron la gratuidad tanto de la salud como de la educación. En el año 2011 fue reelegido para el período 2012 -2017, luego logró una nueva reelección para el período 2011- 2022 obteniendo un 72,5 % de los votos. En esta elección su candidata a vicepresidenta fue su esposa, Rosario Murillo, quien estuvo activa en política desde 1969, hasta llegar a ocupar un cargo tan alto como es la Vicepresidencia.
Ortega subió la edad de jubilación este año, luego reversó el hecho, pero ya los nicaragüenses lo querían afuera del poder; ya van más de “350 muertos, según un informe de la Asociación Nicaragüense Pro Derechos Humanos (ANPDH), 2.100 heridos, 329 secuestrados, 250.000 empleos se han perdido, un millón de personas al borde de la pobreza, 82.000 turistas menos, 950 peticiones de visa a Costa Rica, 10.000 solicitudes de refugio también a Costa Rica y 13 departamentos atacados por paramilitares”.
Los ideales por los que luchó Ortega son casi los mismos por los que luchan hoy los jóvenes del país, los hechos hacen que lamentablemente se parezcan a la serie de Netflix House of Cards, en donde sucede que por ambición de la señora y de su esposo la familia presidencial sucumbe a seguir en el poder cueste lo que le cueste, y lamentablemente esto se parece mucho a lo que sucede en Nicaragua en donde la vicepresidenta es la esposa del primer mandatario.
Nada bueno se vislumbra en el panorama político y se denota una ambición por no dejar el poder; muchos dirán que la culpable es su esposa, pero en realidad el presidente es él y quien debe saber que el pueblo ya no lo respalda, pues los ideales por los cuales luchó no son los mismos que la ambición personal que hoy lo mantiene en el poder, y no está dispuesto a dejarlo. Lo anterior, sumado a que el gobierno americano tiene pruebas de que Ortega lavó dólares de PDVSA, según el escándalo de esta semana el cual lamentablemente tiene un protagonista colombiano involucrado. La ambición rompe el saco y es claro que Nicaragua no está bajo un sistema democrático.