La costa pacífica colombiana continúa abandonada.
Una muestra de ello, pero no la única, es que el crimen en todas sus formas domina a Buenaventura. Varios presidentes han manifestado públicamente su compromiso con la resolución de este tema y hasta ahora, eso no se ha logrado. ¿Podrán Buenaventura y otras ciudades de la costa pacífica como Tumaco, ser viables?
Buenaventura tiene una ubicación privilegiada, a 174 kms de Cali, a 438 de Medellín y a 504 de Bogotá. La firma del Pacto del Pacífico podría convertir a Buenaventura en la puerta para el comercio exterior a los países de oriente y la costa oeste de los Estados Unidos. El potencial es enorme pues la región del pacifico representa el 55% de PIB mundial.
Con semejante ubicación estratégica, Buenaventura está destinada a ser una ciudad pujante, moderna y agradable, un centro de prosperidad y bienestar. Pero hoy, está tomada por las mafias que también ven en esa ubicación privilegiada, una oportunidad para desarrollar y fortalecer el narcotráfico, que genera recursos mucho mayores a los de los negocios legales. Como si eso fuera poco, la administración pública está plagada de corrupción: según afirmó recientemente la Ministra de educación, en el 2010 en Buenaventura había 40,500 alumnos fantasmas. Las rentas destinadas a la educación, acaban en manos de administradores públicos y políticos corruptos, en una ciudad que durante generaciones ha pedido a gritos políticas y programas educativos darle a sus jóvenes una opción diferente a la delincuencia.
Porqué Buenaventura y otras ciudades colombianas han alcanzado ese estado de descomposición social? En parte, porque hay un patrón en la inversión social que es perverso y se repite en cada período de alcaldes, gobernadores y presidentes: no hay inversión social efectiva dirigida a los grupos poblacionales más vulnerables.
A pesar de los esfuerzos recientes encaminados en esa dirección, los alcaldes continúa dándole prioridad al cemento y a los ladrillos, porque son obras que “se ven” y generan réditos políticos, mientras que invertir en programas de prevención de delincuencia y educación, dirigidos a grupos etéreos y sociales de alto riesgo, requiere de una visión de largo plazo y no permite a los mandatarios locales mostrar resultados en períodos cortos.
Colombia debe emprender desde ya, una cruzada para invertir en los jóvenes, con énfasis en los más vulnerables, a través de iniciativas y programas de largo plazo que generen capacidades individuales y capital social.
Los mandatarios locales y el gobierno nacional, deben dejar el enfoque de las mediciones de desempeño presupuestal en actividades y centrarlo en indicadores de impacto de largo plazo, a través de programas que tengan continuidad y mejoramiento de una administración a otra.
Si se invierte bien y responsablemente en los jóvenes, podremos alejarlos de las tenebrosas mafias y si los recursos son canalizados correctamente, las ciudades como Buenaventura podrán ser polos de desarrollo y bienestar.
La suscripción de la Alianza del Pacifico se llevó a cabo en Cartagena, esperemos que unos años se pueda hacer donde corresponde y no en el lugar equivocado.