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La patria, ¿así se forma?

23 de julio de 2016 - 09:00 p. m.

No fue amarillo, azul y rojo, el tricolor que ondeó en las casas y en las manos de las miles de personas que marcharon en el departamento del Chocó el pasado 20 de julio.

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La gente no izó la bandera nacional, izó la bandera del Chocó. Y que lo hayan hecho el día que desde comienzos del siglo XX se impuso como la fecha en la que se conmemora la Independencia del país, dice mucho de las deudas históricas en el enmarañado proceso de construcción de la nación.

Si alguna función social deben tener las conmemoraciones es recordar los olvidos. Sobre el Chocó pesan todos. Los estudios dicen que más de 100.000 personas se han muerto por la falta de vías y de servicios de salud, que 11 municipios no tienen alumbrado eléctrico, que sus estudiantes ocupan el último lugar en las pruebas del Estado, que faltan profesores en las instituciones educativas, que se cierran los hospitales por falta de presupuesto, que la minería y los cultivos de palma contaminan sus cuencas hídricas, sin descontar que hace cuatro meses organizaciones sociales denunciaron el desembarco de 1.000 paramilitares en la región.

Los escolares de la nación llevan más de cien años aprendiéndose de memoria y repitiendo en los actos cívicos, una letanía patriotera que habla de la preparación de una reunión para recibir a un visitante ilustre en Santafé de Bogotá; de la necesidad de un florero; de la presencia de un chapetón majadero; y de un par de hermanos criollos que, al parecer, eran buenos con el verbo y las trompadas. Pero de qué le sirve esa memoria al Chocó si hay tanto dolor y tanto olvido por recordar. Acaso son menos ciudadanos si en esos momentos construían otro heroísmo; un heroísmo forjado de agua, madera y piel. Una historia líquida que no tenía la consistencia para entrar en la rigidez pétrea y mezquina de la historia de mármol y bronce que creaba la nación.

Que la historia y la memoria de las regiones no siempre coincide con la que se promociona desde el centro del país, lo demuestra la fuerza que viene tomando en el Chocó la fecha del 2 de mayo como el día de las víctimas. Ese día –en el que se conmemora la masacre ocurrida en Bellavista, municipio de Bojayá, en el año 2002— tiene para muchos chocoanos una fuerza simbólica mayor que el institucionalizado 9 de abril.

La nación es una construcción, una invención, una imaginación, de manera que hay que empezar a construirla, a inventarla, a imaginarla mejor. Todavía hay ciudadanos, funcionarios e instituciones que desde el centro, como monarcas en atalayas oteando sus vastos dominios, definen y clasifican territorios que apenas conocen. Si no hay ni siquiera un conocimiento de la proporción de las distancias, mucho menos lo habrá de la historia, la memoria y la cultura de las regiones. Deberían tener en cuenta que el centro también es una construcción, una invención desde el poder; que también es una región, que junto al resto, conforma la nación. Y algo básico y fundamental: La patria no se forma con olvidados ni con hambrientos ni con discriminados ni con enfermos ni con muertos.

En el 2019 la nación estará frente a otro Bicentenario. Sabremos qué tanto habrá cambiado la situación dependiendo de la bandera que ese 7 de agosto ondee en el Chocó.

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