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Piel blanca, máscaras negras

24 de enero de 2015 - 11:57 a. m.

María del Socorro Bustamante tiene razón.

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“Cuando me inscribí como candidata y llené todos mis requisitos, por ninguna parte decía que tenía que tener la piel negra y la nariz chata”, afirmó categóricamente hace unos días en una entrevista de prensa. Efectivamente, no es absolutamente necesario tener la piel negra para representar a una comunidad afrodescendiente. Como sabemos, las identidades son construcciones que pasan por encima del fenotipo.

En lo que sí se equivoca es en el tono estereotipado de sus declaraciones que parecen reducir la política de representación afro a un tema de pieles oscuras y narices chatas. Pero sobre todo, se equivoca, y atropella cualquier principio ético, cuando pretende aprovechar, para su propio beneficio, las garantías constitucionalmente creadas para que un colectivo, históricamente marginado, alcance las competencias necesarias para su desarrollo equitativo.

Que se sepa, en su larga trayectoria electoral jamás ha liderado procesos de reivindicación social para las comunidades afrodescendientes. En su programa de gobierno en las pasadas elecciones a la Alcaldía de Cartagena sólo aparece la palabra afro en una ocasión, sin comprometerse con una apuesta decidida por las comunidades negras. De modo que su afán por construirse una nueva identidad política resulta forzado y para nada creíble.

Tanto a Bustamante como a algunos miembros de organizaciones afrodescendientes que andan por allí repartiendo avales al mejor postor como mercachifles en feria, se les olvida que detrás de las apuestas políticas de los pueblos negros existe una memoria de muerte, dolor, racismo, exclusión y despojo. Los estudios que se han hecho sobre desplazamiento forzado y el informe ¡Basta Ya! Colombia: memorias de guerra y dignidad, del Centro Nacional de Memoria Histórica, señalan con absoluta claridad que las poblaciones más afectadas por el conflicto armado son las comunidades negras. Incluso, el auto 005 de la Corte Constitucional llamó la atención a la Nación sobre la exclusión estructural de marginación y vulnerabilidad a la que ha estado expuesta la población afrocolombiana.

No fue precisamente un homenaje a la memoria de lucha libertaria de los cimarrones Benkos Biohó y Nicolás de Santa Rosa el que hicieron unos cuantos palenqueros llevando a María del Socorro Bustamante al Palenque de San Basilio pasadas las elecciones al Congreso de la República. Aquello fue un acto vergonzoso, que pretendió construirle una tradición inexistente al personaje, ataviándolo con trajes típicos africanos.

Piel negra, máscaras blancas, así tituló Franz Fanon un reconocido ensayo con el que argumentó la forma en que algunos negros perpetuaban la tradición colonialista asumiendo el estilo de pensamiento y las maneras de actuar del colonizador. “Piel blanca, máscaras negras” sería un buen título para resumir las últimas actuaciones políticas de esta mujer, que con el aval de unos cuantos líderes afrodescendientes pretende construirse una identidad y una tradición postizas para perpetuar su mezquindad política. Es un deber nuestro averiguar qué se esconde detrás de la máscara. 

Javier Ortiz Cassiani*

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