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En defensa de Trump

31 de julio de 2016 - 08:47 p. m.

¿Es Donald Trump un loquito? ¿Son sus millones de votantes unos ignorantes estúpidos de los que hay que hablar con burla y desprecio?

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The Donald, como le llamó el presidente Obama en su fenomenal discurso en la convención demócrata, ha dejado de ser una broma de mal gusto, una caricatura grotesca, para convertirse en una posibilidad. Cuando quedan poco menos de 100 días para las elecciones más influyentes del mundo, hay que empezar una conversación: ¿en qué ha acertado Trump para que esté tan cerca de la presidencia de los Estados Unidos? Lo primero, y esto es lo fundamental, The Donald es aquel que vocifera lo que muchos piensan pero no se atreven a decir. Trump, lo sabemos porque lo ha repetido en discursos y entrevistas, no cree en la corrección política, está harto de esta tiranía de lo apropiado, hastiado de la creciente lista de asuntos de los que está prohibido hablar en voz alta. No hay que olvidar que la política es sobre todo un asunto emocional, de pasiones a veces desenfrenadas, de amores y de odios sin matices. En este sentido, la incorrección política al estilo Trump es muy lucrativa en términos electorales.

Las múltiples encuestas en Estados Unidos muestran que los hombres blancos sin un titulo universitario votarán en bloque por Trump. El New York Times reportó esta semana que en tres encuestas realizadas en julio, Trump tenía una ventaja promedio de 37 puntos frente a Hillary en esta población. En el 2012, para ponerlo en perspectiva, los blancos sin titulo universitario representaban casi la mitad de los votantes del país. En el portal conservador theamericanconservative.com el periodista Rod Dreher entrevista a J.D. Vance, un abogado de Yale que recién publicó un libro sobre la crisis de los trabajadores blancos en regiones deprimidas de Estados Unidos  (el título del libro es Hillbilly Elegy: A Memoir of a Family and a Culture in Crisis). Allí, Vance explica por qué estos hombres y mujeres, que son millones, ven a Trump como su tribuna, su portavoz, su hombre en el poder. En un elocuente fragmento, dice: “mi gente realmente está sufriendo, y hace mucho tiempo que no había un político que hablara sobre estos problemas. Donald Trump al menos lo intenta. Lo que no entienden algunos es lo desesperados que los habitantes de estas zonas están. Y no hablamos de unos pocos pueblos, hablamos de muchos Estados donde una porción muy grande de la clase trabajadora blanca apenas sobrevive”.

Lo que Vance está anotando es apenas obvio: el candidato Trump es música para los oídos de esta población. Es el único capaz de criticar de frente y sin contemplaciones a las empresas que prefieren la mano de obra barata por fuera de Estados Unidos. El tono siempre apocalíptico de Trump, coincide con las experiencias diarias de estas personas. Su mundo, como dice el candidato, se cae a pedazos, el sueño americano ya no existe más. En un ejercicio de honestidad, piense usted en las cosas que le diría a los políticos tradicionales si tuviera la ocasión, en el lenguaje que usaría contra las elites de su país. Trump, recuerda Vance, adora fastidiar a los privilegiados. Y lo puede hacer porque tiene la plataforma. The Donald le ha dado voz a los que llevan años sintiendo que no tienen ninguna representación.

No debería sorprendernos más el efecto teflón de Trump. Está demostrado que, en este punto, nada de lo que diga lo afectará en las encuestas. Su estrategia consiste en no ser cauteloso, no estar permanentemente preocupado en no ofender a alguien, en atreverse a decirle a un poderoso que es un fraude, un mentiroso. Es el político que habla en los debates, en los discursos, en las ruedas de prensa, como lo hace la gente en los bares, en las comidas familiares, en su vida diaria. Los votantes de Trump, recuerda Vance, no quieren creer que tienen que hablar como Obama o como Clinton para participar significativamente en política. Y no quieren creerlo porque, justamente, no hablan como ellos. Lo de Trump, creo, es un asunto de lenguaje. Gran parte de su atractivo es que no se refiere en términos despectivos a la clase blanca trabajadora. Recordemos a Obama, a quien admiro, hablando alguna vez de esos ciudadanos que se aferraban a su religión y a sus armas. Ellos, los que podrían llevar a Trump al poder, no lo han olvidado.

@espinosaradio

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