Estamos en Colombia a poco más de un año para las elecciones legislativas, 11 de marzo, y presidenciales, 27 de mayo. Serán, lo sabemos, días difíciles, radicales, de extremos y pasiones. La política no es hoy, ni ha sido nunca, un juego de niños, un concurso entre caballeros, una carrera que premia la decencia. No, la política suele ser baja, mezquina, tramposa: un camino de rapiñas. Lo hemos padecido en Colombia en los últimos tiempos. Tanto, que en un conmovedor acto de candidez –o de venganza- lo reconoció el célebre paria uribista Juan Carlos Vélez Uribe. No ha sido el único. Ni será el último. Hoy, pues, quiero anticipar uno de varios debates que tendremos cuando, formalmente, comiencen las elecciones. A modo de pregunta: ¿es legítimo que una campaña utilice como propaganda electoral para atacar al partido político que surja de las FARC el horroroso y violento pasado de esa guerrilla?
Este escenario, lo recordarán algunos de ustedes, no es nuevo. Antes de la votación del plebiscito, en distintas ciudades y carreteras del país, aparecieron vallas con la cara de “Timochenko” y mensajes como: “¿Quiere verlo en la presidencia? Vota Sí al plebiscito”. Terminaron desmontadas porque, según la Secretaría de Gobierno de Santa Marta, no contaban con los permisos necesarios. Pero supongan que aquellas vallas, ahora sí con permisos, vuelven a las calles de las principales ciudades del país. Supongan que las vallas dicen cosas como: “Quiere ver en el Congreso a los representantes de los asesinos de Bojayá, etc…”. ¿Sería legítimo? ¿Debería permitirlo el Consejo Nacional Electoral? ¿Es eso juego sucio? Por partes: sí, es legítimo, sí, debería permitirse, y sí, claro que es juego sucio. Pero, de nuevo, esto es política, y es así como funciona.
Ahora, a diferencia de la cándida confesión de Vélez Uribe sobre la estrategia del No en el plebiscito, la valla sobre “Timochenko” y la imaginaria que propongo no mienten. Los acuerdos, es claro, abren la posibilidad de tenerlo, algún día, como candidato presidencial. Y el partido que ya está en formación sí representará a los cabecillas y comandantes que tantas bombas, secuestros y asesinatos ordenaron y ejecutaron en el país. Todo eso es verdad. ¿Por qué no podría un partido político -o todos- recordárselo en vallas, entrevistas de radio, declaraciones o avisos pagos a los colombianos que irán a las urnas? Estamos en tiempos de reconciliación y perdón, dirán algunos, no es momento de mirar al pasado, hay que mirar hacia allá, dirán otros. Es cierto, pero no para todos. El perdón es individual, y no se logra con leyes, decretos o regulaciones. Aquellos políticos que se enfrentarán al partido que surja de las FARC, tendrán bajo su responsabilidad aquella herramienta. Habrá quienes se preguntarán, ¿no es eso fomentar el resentimiento? Sí, puede ser, pero también la memoria. Y es que buena parte de nuestra violencia fue responsabilidad de las FARC, y eso no lo podemos olvidar. No me malinterpreten: ni esa, ni ninguna otra violencia, puede silenciarse.
¿Qué creen ustedes que dirían los partidos políticos tradicionales si, pongamos en Chile (o Argentina), se presentara a elecciones un partido que representara a los responsables de las dictaduras de derecha que masacraron y atormentaron sus países por años? ¿No estarían en su legítimo derecho a recordarles a las generaciones que ya votan y a todas las que algún día votarán lo que está en juego? ¿Lo que aquel partido político representa? Y sobre todo, ¿de dónde viene y cuál es su pasado? Los colombianos, todos, cedimos permitiendo que los máximos cabecillas no paguen un solo día de cárcel, que se les conceda el narcotráfico como delito conexo, que no los extraditen, que puedan formar su partido político y jugarse la suerte en las elecciones. ¿Debemos también conceder el olvido permanente y silencioso?