La selección de Colombia participará en Río de Janeiro en unos Juegos Olímpicos por primera vez desde 1992. A Barcelona llegó como candidata a medalla. La escasa ambición y el comedor de la Villa Olímpica fueron los factores determinantes para caer eliminados en primera ronda.
En el preolímpico de Paraguay, Colombia deslumbró. Valenciano y Asprilla se ganaron sendos contratos en Italia. El sorteo dictó que el debut sería ante España. Las dudas de la prensa local en su selección, aunado al nivel que se le suponía a Colombia, les llevó a preguntarle a Miera, el entrenador español, si el empate era apetecible. Su respuesta fue directa: “Siempre es mejor empezar ganando, porque esto genera una confianza muy grande”.
Colombia, en cambio, llegaba dirigida por el Bolillo Gómez. Sus objetivos, chiquitos: “Estamos aquí para jugar bien al fútbol, mantener nuestra imagen y, si es posible, llegar a los cuartos de final”. Se preocupaba por el juego ante España: “Hacen un juego más práctico que el nuestro”.
A pesar de disputar ese primer partido en Valencia, la selección se alojó en la Villa Olímpica. Allí se podía disfrutar de cines, bares musicales, tiendas, gimnasios y, por supuesto, numerosos restaurantes.
Antes del estreno, el Bolillo se mostraba preocupado. Había encontrado un rival inesperado: el comedor. La glotonería de ciertos jugadores lo llevó a declarar: “Ojalá los jugadores fueran un poco más conscientes y, por lo tanto, solo tomaran los alimentos en la cantidad que el médico les ha recomendado”.
Ante España, Colombia no pudo. Goles de Guardiola y Luis Enrique incluidos, los españoles le empacaron cuatro a Calero. Además expulsaron a Valenciano y a Cassiani. Después, en el segundo partido, tras fallar un penal, Aristizábal marcó lo que parecía el gol de la victoria. Pero Catar empató en el último minuto.
El equipo se había desarmado. El Bolillo separó a Osorio del grupo, “porque le podía causar daño al conjunto”. Ante Catar, el entrenador acusó al Torito Cañas de no saber controlar sus deseos de comer. Con “78 kilos casi ni se podía mover”. En el último partido, ante Egipto, con 2-2 en el marcador, Bolillo sacó a Asprilla. Lo mismo que haría años después en el Mundial de Francia 1998. Entonces fue en el primer partido, ante Rumania. Ambos partidos los perdió. En ambos torneos quedó eliminado en primera ronda.
En últimas, Colombia, como le sucedería dos años después en EE. UU., no supo manejar las expectativas. Sin pretensiones, sin organización y con hambre, pero no de triunfo, la selección fracasó estrepitosamente.
Como dijo Kempes tras perder 4-0 ante Holanda en 1974, el fútbol siempre da revancha. A Colombia le llegó. Con dos torneos en el verano, el negocio de la Copa América Centenario y los Olímpicos, ojalá a Río hubiesen ido los mejores, Ospina, James y Bacca incluidos. La historia lo habría agradecido.