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Bienestar subjetivo declarado (BSD) II

09 de septiembre de 2008 - 08:25 p. m.

EN MI COLUMNA DE LA SEMANA pasada, mencioné que la métrica empleada para medir el BSD, en el estudio que dirigió el profesor de la Tadeo Jaime Vergara, va de menos 40 a 90, por lo cual al encontrarse que la media de la comunidad académica analizada es 45, se puede concluir que el nivel de “felicidad subjetiva” es alto.

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Algunos lectores no se percataron de la palabra menos, que antecede a 40, y pensaron que un indicador de 45 mostraba lo contrario. Con la medida menos 40 y 90, la media es 25, por lo tanto valores superiores reflejan “felicidad”, no infelicidad.

Como es de esperarse el factor económico influye sobre el índice de BSD, pero posiblemente en menor grado de lo que se esperaría observar en comunidades no académicas. Los estudiantes, afortunadamente, no se sienten infelices por no combinar el trabajo y el estudio. Un impacto en el BSD, lo tiene la percepción de una mayor o menor estabilidad laboral, así entre los dos extremos el índice BSD varía 6,5 puntos.

Es interesante mencionar que, a pesar de los esfuerzos de la mayoría de los economistas, la comunidad académica no percibe la inflación como un mal tan grande que disminuya sustancialmente el BSD. Así, entre una estabilidad de precios —inflación anual del 1% a 2%— y una inflación del 9-10%, el índice BSD se reduce en 5 puntos. Corroborando que para la comunidad es más importante la estabilidad laboral percibida que la inflación. Se encontró un resultado extraño: niveles de inflación del 5-8% generan un índice BSD mayor que la estabilidad de precios del 1-2%.

Es posible que se piense que inflaciones muy bajas disminuyen el poder de negociación salarial.

Posiblemente el desempleo es el factor económico que mayormente influye en el índice de felicidad subjetiva. Entre una economía con bajos niveles de desempleo —1-2%— y una con altos —9-10%—, el índice BSD se determina en 12 puntos. Es bueno recordar que hoy los niveles de desempleo superan la barrera del 10%.

Los resultados entre temas a la inflación y el desempleo son consistentes con el tradicional conflicto entre las políticas expansivas y las restrictivas. Por supuesto si políticas monetarias laxas garantizaran empleo permanente, no habría duda de la ventaja de emitir para disminuir el desempleo, y en esta forma aumentar la “felicidad” de la comunidad.

Los analistas definen un nivel de miseria económica como la suma del desempleo e inflación. Sería más adecuado ponderar la suma dándole mayor peso al desempleo.

Como lo señalan muchos economistas, si bien en el corto plazo la inflación inducida por gasto público o políticas monetarias expansivas pueden disminuir el desempleo, en el mediano y largo, como lo muestra la historia, la tendencia de empleo puede revertirse y consolidar la inflación con un desempleo alto. Por supuesto en épocas electorales es “rentable” para los gobiernos sacrificar metas de inflación para disminuir temporalmente el desempleo.

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Los países con Bancos Centrales independientes han logrado evitar este costo. En el caso colombiano, la reelección pone en riesgo real la independencia del Banco de la República, al permitir que todos los miembros de la Junta del Banco sean nombrados por el Presidente. Si la independencia desaparece, la perspectiva la inflación con desempleo, es una amenaza probable.

*Rector Universidad Jorge Tadeo Lozano

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