La última encuesta de intención de voto realizada por Ipsos, Napoleón Franco, muestra que el voto en blanco tendría el 25% en los resultados, superando las cifras de los candidatos.
En las encuestas realizadas en 1997-2002 y 2006-2010, la intención del voto en blanco en la campaña presidencial llegó al 5% en 2006, al 2% en 1997 y 4% en 2002 y 2010. En las urnas tuvo un máximo en 2006 con el 1,9%. Sólo el 43% de quienes manifestaron que votarían en blanco, lo hicieron; si esta proporción se mantiene en 2014, el voto en blanco alcanzaría el 11%, resultado muy significativo que mostraría un descontento del electorado con todos los candidatos. Aun si sube sustancialmente la relación votos efectivos/intención de voto, no parece ni probable ni posible que el voto en blanco supere la mayoría absoluta de los votos válidos emitidos en la elección presidencial, hecho que haría repetir las elecciones con diferentes candidatos. Aunque posible pero no probable, si el voto en blanco supera al de cada candidato individual, aunque no tendría efectos prácticos, sería un voto castigo a los candidatos presidenciales.
José Saramago en su novela Un ensayo sobre la lucidez hace una apología al voto en blanco, en sus palabras “Una patada, una muestra de indignación, de protesta”, defendiendo la utilidad del voto en blanco cuando “los gobiernos son comisarios políticos del poder económico”.
Entre los candidatos presidenciales sí hay opciones aceptables, no óptimas, para escoger. Es probable una segunda vuelta, lo cual permite votar con el corazón en la primera y con la cabeza en la segunda. En las elecciones para el Congreso el voto en blanco tampoco tendría posibilidad de conseguir la mayoría absoluta, que obligara a repetir las elecciones. Si bien muchos de los 2.441 candidatos, o por ser desconocidos o si por el contrario por ser conocidos, no entusiasman al elector, ni inspiran confianza, sí hay un número respetable de ellos que han hecho una buena labor en el Congreso, en particular en la función de control político, y hay unos nuevos, pocos, que pueden hacer sentir su voz en el legislativo.
La votación en blanco para el Parlamento Andino sí parece tener reales posibilidades de voto castigo. Este foro es posiblemente el más burocrático, más costoso e inútil. El gobierno trató de tramitar una ley que lo aboliera, los únicos perjudicados serían los “elegidos” que viven de la política con cargo al presupuesto nacional. El Congreso no fue capaz de tramitar la ley, impediría a sus amigos lucrarse legal, pero inmoralmente. Se buscó un acuerdo para que ningún partido inscribiera listas; los partidos de la coalición de gobierno, con la excepción del Conservador, aceptaron. Deja un mal sabor que la izquierda (PDA, UP) y la Alianza Verde, que proclaman hacer una nueva política, sin los vicios de clientelismo y aprovechamiento de fondos públicos, se apresuraron a inscribir sus candidatos. Con recursos fiscales tendrán jugosas dietas y mejores jubilaciones.
En 2010, el voto en blanco por el Parlamento Andino superó a cada lista individualmente. Sería una lección de madurez política que en 2014 el voto en blanco para este “parlamento” fuera la mayoría absoluta y obligara a repetir elecciones, y la izquierda reflexionara sobre su participación.