Es uno de los términos más usados por los economistas y financistas. Permite disminuir, por ejemplo, para una empresa, el riesgo de fluctuaciones en la tasa de cambio o del precio de sus productos.
Hay coberturas naturales: si una empresa exporta parte de su producción, se protege de variaciones del costo de su deuda externa; si hay devaluación, el aumento de sus pagos al exterior está compensado con los mayores ingresos que obtiene por sus exportaciones. Si un exportador considera que la tasa de cambio actual (US$1 = $3.000) le es favorable, puede “congelarla” tomando un crédito externo que lo convierte en pesos a esa tasa; el pago lo hace con el producto de la exportación; si hay una revaluación, no se afectan sus ingresos; si, por el contrario, el peso se devalúa, disminuye su rentabilidad.
Si una empresa tiene una deuda externa y cree que la devaluación se incrementará, se protege cambiando la deuda en dólares por deuda en pesos. Por supuesto, si el peso se revalúa, la cobertura no le es favorable, pero de todas formas está protegido contra una fuerte devaluación.
En la práctica, estas acciones las realiza el sistema financiero. No es un “juego de suma cero”, hay costos de comisiones y diferenciales de tasas de interés. Esto no es un obstáculo. Los seguros son un “juego de suma negativa”. Se limitan las pérdidas catastróficas pero pueden reducirse las utilidades.
Una empresa hidroeléctrica podría, en teoría, protegerse parcialmente de la menor generación eléctrica por el fenómeno del Niño. Este es causado por el aumento de la temperatura del agua del Océano Pacífico, que reduce del oxígeno disuelto en el agua bajando la pesca de las anchovetas, lo que se traduce en aumento de precio. Una hidroeléctrica podría comprar futuros de anchovetas; si no hay fenómeno del Niño, pierde en ese negocio pero al subir las lluvias gana en su actividad principal. Por el contrario, si hay una sequía, reduce la generación pero sube el precio de las anchovetas y gana en su operación especulativa.
Se pueden hacer “coberturas” para reducir el impacto personal de sucesos desagradables. Por ejemplo, apostar que gana las elecciones el candidato que no le simpatiza; si esto sucede, tiene una satisfacción monetaria.
S. Hawking es bien conocido por este tipo de apuestas. A Kip Thorne, el guionista científico de Interestelar, le apostó una suscripción a la revista Penthouse y a Private Eye, si la fuente de rayos X de la constelación Cygnus no contenía un agujero negro (A.N). Hoy se estima con altísima probabilidad que existe allí un agujero negro; pierde la apuesta, pero obtiene la satisfacción que estos cuerpos, objeto de su investigación, existan en la realidad.
A Thorne y John Preskill apuesta US$100 a que no se podrá observar directamente un A.N. Años después el mismo Hawking demuestra que el A.N emite onda llamada “radiación Hawking”. Pierde los US$100 pero logra un nuevo hito en la comprensión de los efectos de la gravedad cuántica. Al aceptar su derrota imprimió camisetas con la frase “La naturaleza aborrece las singularidades desnudas”.
Con Thorne apuesta contra Preskill que un A.N. destruye toda la información que cae en él. Nuevamente pierde; Hawking demuestra que Preskill tenía razón, el A.N. se evapora lentamente y, al hacerlo, emite información que se creía irrecuperable.