Para referirse a la buena o mala suerte, los toreros emplean la palabra duende; forma coloquial para decir que en los resultados no solo obra la razón, sino también la superstición. Napoleón escogía a sus generales por sus éxitos militares y por la suerte que tuvieran.
Por “duende”, es importante para la sanidad mental y económica de la capital que no sea Petro quien adjudique las obras de Metro de la ciudad. A diferencia del rey Midas, que todo lo que tocaba lo transformaba en oro, Petro hace lo contrario.
Pocos alcaldes han demostrado, en obras públicas, ser tan ineficientes, incapaces, inútiles e incompetentes. No dejó que la Nación colaborara en la construcción de la ALO como alternativa; propuso que se utilizaran los terrenos para montar unos colegios y universidades ¡rodantes! Alegó que había que preservar el humedal de La Conejera, que la obra lo podía afectar, pero no mostró idéntico espíritu conservacionista para evitar que sus familiares políticos realizaran construcciones en áreas del humedal que deben ser protegidas. No aceptó extender Transmilenio al aeropuerto, ni que se construyeran con recursos privados vías que descongestionaran la salida a Girardot. El argumento que usó para desestimar la propuesta fue que esta ayudaba a los ricos que tienen fincas en Melgar; esto puede ser cierto, pero también mejoraría la movilidad de la clase media y popular que disfruta de las instalaciones de las cajas de compensación.
Las obras de infraestructura de su administración se reducen al deprimido de la calle 94 y a un puente que inauguró sin terminar.
Los cuatro años de la administración le fueron insuficientes para concluir la obra de la calle 94; se anuncia otro año de retraso. De ahí el terror a que si adjudica el Metro impregne a esta obra su mal duende como ejecutor. Con alta probabilidad, cualquiera que sea su sucesor lo haría mejor; es difícil que lo haga peor. Una obra de las características del Metro de Bogotá a la velocidad de ejecución de la actual administración tardaría siglos en realizarse.
En el mundo y en Colombia se construyen en tiempo razonable obras de infraestructura. En un año se ejecutó el nuevo canal del Suez, paralelo al actual, 72 km de longitud, 24 metros de profundidad, obra de magnitud aproximadamente 600 veces mayor que la del deprimido de la 94. El metro de Ciudad de Panamá tardó menos de tres años en construirse, es eficiente y moderno.
La ampliación del Canal de Panamá se inició al tiempo que el deprimido y terminará antes; inversión 200 veces mayor que la emblemática de nuestro burgomaestre. En Colombia también pueden construirse importantes obras de ingeniería; basta estudiar las centrales hidroeléctricas. Recientemente se terminó la central del río Sogamoso: requirió la construcción de una presa de 19 millones de metros cúbicos, altura de 220 metros y pie de presa de 345 metros; como comparación, el volumen (8,5 millones de metros cúbicos de material de construcción) es 3,5 veces el volumen de la gran pirámide de Keops.
Se anuncia que, ante la incapacidad de la administración distrital de terminar la obra con los recursos de valorización ya pagados, a los dolientes de esta obra se les cobrará valorización adicional, pero nadie les reconoce el tiempo perdido en los trancones resultado de la ineficiente ejecución. De materializarse a las cuatro íes del alcalde se agregaría otra: insensato.