NO ABUNDAN LAS NOVELAS DE MÁS de 570 páginas, que al finalizar su lectura, dejen la sensación de que podrían extenderse un poco más. Al libro de Umberto Eco El Cementerio de Praga puede aplicarse la frase anterior.
La erudición y predilección por el tema de las sociedades secretas es bien marcado en Eco; basta recordar sus novelas El nombre de la Rosa y El péndulo de Foucault. En esta última desarrolla el auge y declinación de sociedades esotéricas, algunas de origen precientífico, como las herméticas fundadas por Hermes Trimegisto. Dan Brown en su novela El código Da Vinci describe sectas también analizadas por Eco. La distancia literaria e investigativa entre Eco y Brown puede ser mayor que la existente, digamos, entre Sartre y Coelho.
La trama de Eco comprende el período de las guerras de la unificación italiana y el final de la Guerra Franco-Prusiana. Una de las características del estilo de Eco es un profundo humor negro que se pasea por los bordes del cinismo. El libro ha sido tachado de antisemita, de anticatólico, en particular antijesuita. Es mucho más, es demoledor contra los masones, los revolucionarios italianos, los monárquicos, los dirigentes de las comunas de París; por supuesto contra los organismos de seguridad del Estado, contra los agentes dobles y triples; contra la burguesía, contra los estudiantes.
Un personaje perverso y amoral, pero de una gran astucia e inteligencia, es el principal encargado de proferir las fuertes diatribas contra todos los estamentos oficiales o subversivos.
Por alguna morbosa razón este protagonista despierta cierta simpatía y tal vez por eso el lector no rechace totalmente las duras críticas contra el papado, la monarquía, los jesuitas, etc.
Un aspecto sorprendente de la novela es la afirmación, con una excepción, de que todos los personajes existieron y en una u otra forma dijeron e hicieron lo que se narra.
Si se quiere conocer el mundo subterráneo, en sentido físico y social, de París, las batallas no tan heroicas de los héroes que crearon a Italia, las peleas en las que “todo vale” entre los masones y la Iglesia, las descripciones de las misas negras, el importante papel de los gacetilleros y novelistas; el libro llena las expectativas. La versión novelada del juicio y condena por traición al capitán Dreyfus, la construcción de las pruebas para culpabilizarlo de un delito no cometido, supera la realidad descrita por Zola en Yo acuso.
Desde las primeras páginas Eco va dando la señal de que el mito de las reuniones de los rabinos cada siglo en el cementerio de Praga va conformando los “Protocolos de los Sabios de Sión”.
Hoy las sociedades secretas han perdido su misterio; se conocen sus miembros, sus ritos y lugares de reunión. Hay teoría de conspiración que plantea la existencia de una sociedad secreta formada por quienes detentan las mayores riquezas; su objeto es acrecentar sus activos y poder lograr que la mayoría de los habitantes del planeta acepten la “superioridad” de la economía de mercado, sobre la intervención del Estado. Esta tesis conspirativa no asusta mucho, el Consenso de Washington o las reuniones de Davos se asemejan a las descripciones de la teoría.
En el siglo XX los matemáticos crearon una sociedad “secreta”, el grupo Bourbaki; el problema es que se conocían sus miembros. El último libro de Bourbaki se publicó en 1983, Teoría espectral, que no se refiere a fantasmas o espectros, sino a tópicos de análisis funcional.