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El eterno retorno

11 de abril de 2012 - 06:00 p. m.

El deseo del alcalde Petro de aspirar a la Presidencia de la República puede ser benéfico para la ciudad.

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Como bien lo señalan los maestros Pambelé y Perogrullo, tiene más opción para ser presidente si hace una buena alcaldía que una mala. Basta recordar los casos de Virgilio Barco y de Antanas Mockus, quien, si bien no logró ganar, tuvo una amplia votación.

Una lectura del plan del alcalde para solucionar el angustiante problema de movilidad, puede esbozarse así: Todos los estudios de transporte realizados antes de su posesión son deficientes y no reflejan sus prioridades políticas, por lo tanto, no se debe construir sobre lo construido, sino hacer tábula rasa.

Petro es una persona inteligente y de gran capacidad de comunicación; cuando explica su plan de reducir los trancones es imposible no estar de acuerdo con sus objetivos: tranvías ligeros sin ruido, sin contaminación, sin bloquear las intersecciones, con la suficiente flexibilidad para recorrer la vía arteria y las estrechas calles del centro histórico. Trenes que se desplazan por el corredor actual, diseñados de forma que puedan acelerar y frenar entre los semáforos y de forma que no interrumpan el tránsito Occidente-Oriente, pero a la vez puedan circular a velocidades adecuadas sin invertir en las intersecciones. Avenidas y troncales ambientalmente amigables, ciclovías integradas, muy pocos malos ciudadanos transportándose en vehículos particulares, y los jóvenes y los menos jóvenes con mejor estado físico gracias al uso de las alamedas de ciclovías. Faltan algunas precisiones sobre la forma de movilizarse en bicicleta cuando llueve, y en Bogotá llueve.

Para disfrutar de esta encantadora ciudad, algunos estaríamos dispuestos a soportar la casa o el barrio por cárcel durante los próximos años, pues es claro que los nuevos proyectos requieren diseño y financiación, lo cual aplazará su ejecución, y el desplazamiento será cada vez más difícil en el futuro inmediato.

Los pesimistas echan a perder este sueño de lograr una Bogotá que haga padecer de envidia a Sídney. Argumentan así; ¿qué pasaría si el próximo alcalde tiene características similares al actual, es decir, imaginación o inteligencia y decide por lo tanto que todas las propuestas de diseño realizadas antes de su llegada a la Alcaldía no corresponden a su concepción ? Se habrán perdido otros cuatro años.

Es bueno recordar que en los programas de transporte masivo acordados con el gobierno nacional, éste aporta el 70% de su costo. ¿Qué sentido tiene para una ciudad como Bogotá renunciar a las transferencias del Ministerio de Hacienda y recurrir a la valorización? Es mejor coordinar y unir esfuerzos financieros que rechazar la ayuda del gobierno central para no tener que concertar.

Es conveniente para la ciudad que se desvíe el tránsito pesado con la construcción de la ALO. El Mintransporte financia gran parte del costo. Para qué esperar el diseño de los colegios y universidades móviles, como imaginativamente lo propuso el alcalde.

Mientras se perfeccionan las nuevas ideas no debe descuidarse la terminación de los corredores de Transmilenio. Existe la impresión, ojalá errada, de que se ha reducido el ritmo de trabajo.

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