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Escenarios

29 de marzo de 2017 - 09:00 p. m.

Hay 17 precandidatos para las elecciones presidenciales del 2018. Con alta probabilidad habrá una segunda vuelta. En teoría puede haber 136 combinaciones de candidatos a la segunda vuelta. Solo unas pocas tienen posibilidad de ocurrir. Algunas producen inquietud, casi terror.

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Por ejemplo, el candidato de Uribe y Gustavo Petro. No importa el nombre del primero, solo será un instrumento del expresidente; este le indicará a quién chuzar, a quién ofrecerle notarías, cómo debe reiniciarse la guerra interna, con falsos positivos incluidos; cómo deben reversarse derechos como el de morir con dignidad, el aborto en casos definidos, los derechos a la comunidad LGBTI. Cómo deben reducirse los impuestos a las empresas, pues estas son generosas en contratos o en ventas de propiedades a sus emprendedores hijos, etc. El ocupante de la Casa de Nariño tendrá funciones protocolarias. Por su parte, Petro tiene el problema de que su posición sobre el socialismo del siglo XXI modelo Chávez y Maduro está arraigada en su concepción ideológica. Cualquiera que gane, pierde el país, y lo hará invivible para quienes no acepten sus políticas y sus discutibles métodos para llevarlo a cabo. La alternativa de emigrar a Venezuela no es, gracias a Maduro, muy atractiva. Habría una salida para evitar este tenebroso escenario, el voto en blanco, pero la posibilidad de que obtenga la mayoría absoluta y obligue a repetir la elección sin que se puedan presentar los dos candidatos, es nula.

Los precandidatos, que pueden denominarse como de centroizquierda, civilistas, comprometidos con la paz, aun los de la derecha desarmada, etc., deben tener claro que ir desunidos a la primera vuelta puede resultar que ninguno clasifique a la segunda. Se tendrían otras combinaciones del tipo candidato de Uribe y Vargas Lleras, Petro y Vargas Lleras.

Hipotéticamente puede esbozarse una alianza entre Humberto de la Calle, Sergio Fajardo, Aníbal Gaviria, Claudia López, Clara López, Antonio Navarro, Jorge Enrique Robledo, Luis F. Velasco (en orden alfabético). Es difícil y el espectro ideológico es tan amplio como la ampicilina. Todos tienen en común que apuestan por la paz y el respeto a lo pactado, su trayectoria política es intachable, ninguno carga un bacalao de corrupción ni de irrespeto al derecho de las minorías, ninguno pretende destruir los frágiles avances sociales que se han logrado al amparo de la Constitución del 91, algunos son socialdemócratas, pero no castrochavistas ni maduristas. Es difícil, casi imposible, lograrla. El eslogan “la izquierda unida jamás será vencida” es cierto, como casi nunca se une, ni hace alianzas con otros grupos progresistas, casi siempre es derrotada.

Otro costo político de ir a la primera vuelta con múltiples candidatos demócratas, etc. es que se pierdan la votaciones para Cámara y Senado de estos. Robledo, López, Antonio Navarro, Velasco tienen las más altas votaciones. Un Congreso sin estos parlamentarios disminuye sustancialmente su capacidad de ejercer control político y disminuiría aun más la ya precaria imagen de la clase política.

Con razón se dice que los novelistas anticipan la realidad. Dos novelas reflejan lo anterior: Ensayo sobre la lucidez, de José Saramago, que reflexiona sobre la democracia y el poder del voto en blanco, y Sumisión, de Houllebecq, sobre los riesgos de una democracia que elige a un partido que quiere acabarla y la acaba.

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