ALEMANIA DESPUÉS DE LA DERROTA de la Primera Guerra Mundial, agobiada por el pago de las indemnizaciones impuestas por el Tratado de Versalles y ante la ingobernabilidad, producto de la Constitución de la República de Weimar, se orienta por un caudillo guerrero, populista, quien inicialmente obtiene una importante votación en el Parlamento ayudado por el temor que imponían sus bandas paramilitares.
Después de la muerte de Hindenburg consolida su poder y mediante sucesivos referendos legítimos su dominio absoluto del gobierno, suprimiendo la independencia de las cortes y del legislativo. El apoyo en las votaciones superó el 90%. Fue un Estado de Opinión que condujo a la más execrable violación de los Derechos Humanos, y condujo al casi exterminio de un pueblo —el Holocausto—. La opinión se hacía la indiferente ante los asesinatos y las ejecuciones “legales” a cualquiera que tratara de ejercer la oposición.
Pinochet buscaba legitimar su dictadura con plebiscitos, los primeros le dieron una amplia mayoría. Perdió el último y pudo volver la democracia. Fidel Castro, líder pero no un demócrata, siempre ganó las elecciones. Poco antes de la invasión a Irak, Hussein obtuvo un 95% de la votación. La opinión, a veces, avala dictaduras y a veces democracias, en ocasiones es proclive a favorecer dictaduras de izquierda, otras veces de derecha. Sin unas instituciones sólidas, que garanticen los derechos del ciudadano, la nítida separación de poderes y el ejercicio de la oposición, el Estado de Opinión fácilmente se convierte en una dictadura caudillista y populista.
En uno de los hechos más aberrantes, el genocidio de Camboya que cubre de vergüenza no sólo a quienes lo realizaron sino también a la comunidad internacional, el gobierno cubano apoyó a Pol Pot pese a que se torturó y asesinó a cerca de la cuarta parte de la población. Pol Pot llega rodeado de una opinión favorable, que reacciona indignada ante los bombardeos a la población civil por parte de la fuerza aérea norteamericana. Creyéndose un ser superior y convencido de una visión estalinista de la sociedad, considera que los “intelectuales” son la fuerza de oposición que impide que Camboya sea un “paraíso”, sin clases sociales, sin moneda, sin propiedad privada, sin libertades ciudadanas. Como los “intelectuales” eran minoría, la mayoría no se sintió amenazada, y como a su vez aquellos disponían de algunos medios de ingreso, su eliminación en los campos de exterminio no suscitó inicialmente el merecido rechazo. Cuando la represión se va extendiendo y por el hecho de tener anteojos ya se era sospechoso de ser un intelectual, y por tanto enemigo, el terror se apodera de la población pero ésta es incapaz de derrocar al genocida. La invasión de Vietnam lo saca del poder y hace pocos años, sin ser juzgado, muere de malaria. La visita a los centros de tortura, bien documentados pues los guardianes creían que estaban haciéndole un bien a la patria, además de hacer brotar lágrimas hace pensar los males irremediables que causan los iluminados, llámense Stalin, Hitler, Pol Pot o Pinochet.
La opinión es voluble, en pocos momentos la multitud que aclamaba a los asesinos de Julio Cesar, pasan a condenarlos a muerte.
La Biblia nos trae otro ejemplo, al preguntar Pilatos a la multitud.
“No encuentro en él culpa alguna. ¿Queréis que os indulte al rey de los judíos?”. Volvieron a gritar: “A ese no, a Barrabás”.
* Rector Universidad Jorge Tadeo Lozano