NOAM CHOMSKY, EN EL DISCURSO que pronunció en la Universidad Nacional de Colombia con motivo de su doctorado “Honoris Causa”, planteó este escenario hipotético : como se ha demostrado, el cigarrillo causa más muertes que el consumo de cocaína.
Además, mucha más gente fuma tabaco que la que consume el alcaloide. Un día, el gobierno colombiano, preocupado por la salud de sus ciudadanos, prohíbe la importación y distribución de cigarrillos; sin embargo, las tabacaleras norteamericanas siguen abasteciendo al mercado, que ahora es mucho más rentable debido a la prohibición. Ante esto, las autoridades del país deciden “obligar” al gobierno norteamericano a que fumigue utilizando glifosato con aspersión aérea los campos tabacaleros de Virginia, Kentucky, Carolina del Norte. Actualizando la tesis de Chomsky, podría Colombia además argumentar que EE.UU. es el primer productor mundial de tabaco y que, según un informe de Human Rights Watch, de diciembre de 2014, hay menores de edad que trabajan en esos campos con grandes riesgos para su salud. Con alta probabilidad el gobierno norteamericano respondería a los requerimientos del colombiano con una expresión que en japonés se pronuncia así “Mondai Na”. Sin embargo, Colombia hasta ahora ha aceptado, sin cuestionar, la política de fumigación dictada por EE.UU., a pesar de los riesgos para la salud de sus habitantes. Como lo denunció en el 2001, con respaldo científico, el entonces senador Rafael Orduz. La política de fumigación ha sido un fracaso: se requiere fumigar cerca de 35 hectáreas para erradicar una. Si se fumiga una región, el cultivo se desplaza, el área no se reduce. El mercado mundial de la cocaína pura se estima en 600 toneladas anuales. Teniendo en cuenta los decomisos, se requieren cerca de 200.000 hectáreas de cultivo de hoja de coca para abastecer el mercado. El área se reparte principalmente en Colombia, Perú y Bolivia. La fumigación sí tiene un efecto positivo para los narcotraficantes: les permite controlar la oferta de cocaína y de esta forma el precio se mantiene elevado. Una sobreoferta puede derrumbar los precios. La demanda no se ha expandido debido al auge de las drogas sintéticas. Hasta ahora no se conoce que EE.UU. ordene bombardear los laboratorios que las producen, generalmente localizados en los países de la OECD. En Colombia se erradicó el cultivo de amapola, mas no como resultado de una política adecuada. Simplemente, durante el control de Afganistán por los talibanes, la producción de amapola se desplazó en gran parte a Colombia. Al perder los talibanes el control territorial, volvió a Afganistán el cultivo de amapola; es más eficiente producirlo allí. La propuesta de suprimir en Colombia la fumigación con glifosato merece apoyo, no solo por parte de los ambientalistas sino también de los salubristas y de todos los que consideran que la prioridad de los gobiernos debe ser el bienestar de los ciudadanos. Si el presidente Santos logra imponer esta decisión a pesar de la oposición de su ministro de Defensa, pasaría a la historia como un presidente que consideró que el bienestar de sus gobernados es más importante que seguir una política impuesta que ha mostrado su fracaso. A Carlos Lleras se le recuerda por su oposición ante el FMI cuando definió que sus medidas económicas debían favorecer a los ciudadanos y no a los funcionarios del FMI.