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Inconsistencias

29 de octubre de 2014 - 09:14 p. m.

La modernización del sistema vial avanza, lenta, costosa, con grandes fallas en los diseños, las licitaciones, la construcción.

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El túnel de La Línea se atrasa más, el de Sumapaz tuvo un derrumbe en un portal el día de la inauguración y hoy, casi nuevo, requiere mantenimiento que obliga a cerrarlo o a reducir el tránsito por varios meses. Las fallas geológicas en la zona de Villeta interrumpen la Autopista del Sol. No hay una vía eficiente entre Buenaventura y el resto del Valle. La Agencia Nacional de Infraestructura, en lugar de señalar la falencias en los estudios, en la contratación y la construcción, descarga la responsabilidad en las demoras para entregar las licencias ambientales. Una mayor rigidez en su otorgamiento hubiera reducido los problemas en la variante de Villeta, y en el túnel de La Línea.

La perniciosa reelección presidencial fue aprobada modificando “un articulito” de la Constitución. Prohibirla sólo requiere cambiar el “articulito”. En lugar de esta simple modificación se quiere hacer una improvisada reforma constitucional. A la vez que se prohíbe la reelección presidencial, se abre la puerta para la reelección inmediata de alcaldes y gobernadores, olvidando que en sus feudos pueden mover más fácilmente los votos, mediante prebendas, contratos y burocracia. No es una necesidad sentida unificar los períodos de las autoridades nacionales y locales; la asincronía está funcionando; modificarla para introducir la reelección, en una reforma constitucional que prohíbe la reelección de otros funcionarios, es contradictorio.

En los mismos días que se criticaba al expresidente Pastrana por la no participación del máximo comandante guerrillero, Tirofijo, en la iniciación de las negociaciones de paz, se critica al presidente Santos por todo lo contrario, por haber logrado que Timochenko, jefe máximo de las Farc, actúe directamente en los diálogos de paz en La Habana. Parece que se cuestiona, no la vinculación en primera línea de los comandantes guerrilleros en las negociaciones, sino que éstas puedan tener éxito.

Existe un razonable escepticismo sobre el éxito de las negociaciones en Cuba. El resultado más importante de su culminación en un acuerdo de paz es la reducción de tantas muertes, sufrimientos, desplazamientos, que no son turismo interno, como lo afirman destacados uribistas. Otro beneficio, como lo proclama el Gobierno, es el crecimiento importante de la economía y la posibilidad de reorientar el gasto público a los sectores más vulnerables. Parece contradictorio, cuando a renglón seguido se anuncian “los costos económicos de la paz”; estudios muestran que, lejos de ser un costo, la paz es un beneficio económico: le permite al país crecer uno o dos puntos porcentuales adicionales. Se requieren, sí, reformas a la estructura fiscal y tributaria para que el Estado cumpla con sus obligaciones y el gasto público tenga un real componente distributivo. Utilizar “la paz” como argumento para una reforma tributaria es por lo menos contradictorio, y puede reducir el apoyo a una feliz culminación de las negociaciones.

Es bueno apoyar el “reculazo” que dio el Gobierno en el manejo poco diplomático del lío con Panamá. Si bien es importante reducir la evasión fiscal, también lo es tener aliados, en especial países que comparten costas en el mar Caribe. No se debe olvidar que siguen vigentes las demandas de Nicaragua.

 

José Fernando Isaza *

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