Un estudio dirigido por Eduardo Behrentz propone prioridades en las políticas colombianas que generen acciones efectivas para mitigar la emisión de gases de efecto invernadero (GEI). Los costos y beneficios y la reducción del GEI sirven como parámetro decisorio. En este, como en otros casos, la ciencia ayuda más que los prejuicios para definir las acciones.
La actividad productiva que más emite GEI, 35 millones de toneladas al año, es la agricultura, el 38% del total. En un período de 30 años puede reducirse casi a la mitad las emisiones previstas de GEI en 344 millones de toneladas (17 millones/año). Casi todas las acciones para lograrlo tienen beneficios económicos positivos. El cambio en la producción ganadera con métodos silvopastoriles intensivos reduce en 208 millones de toneladas los GEI; el beneficio económico se estima en US$1.480 millones. Sembrar 360.000 hectáreas en cultivos de aguacates y mango reduce en 49 millones de toneladas las emisiones de GEI y el beneficio se calcula en US$2.800 millones. Dada la alta emisión de metano por la ganadería, y que este gas tiene un impacto por molécula 50 veces más que el CO2, las medidas pastoriles, la modificación en la alimentación con concentrados, las modificaciones genéticas, etc., son básicas para reducir la emisión de GEI.
La ciencia popular atribuye a los sectores “urbanos” industria y transporte la mayor participación en las emisiones de GEI, pero las cifras no avalan esto. A nivel mundial, las emisiones en el sector agrícola son mayores. En el acuerdo de París COP 21 se fija la prioridad alimenticia sobre la reducción de GEI.
En el país, el sector transporte demanda el 35% de la energía total; su contribución al GEI es cercana al 20%. El transporte de carga por carretera produce el 50% de las GEI, el transporte público el 30% y el transporte privado el 20%. Los autores del estudio han encontrado posibilidades de mitigar en 290 millones de toneladas de GEI en un período de 30 años con medidas, la mayoría de las cuales tiene efectos económicos positivos. Las posibilidades de reducción son inferiores a las encontradas en el sector agrícola; las políticas propuestas de mayor impacto no corresponden a las que podrían llamarse “medidas de sentido común”.
Las más eficientes son mejores estándares de rendimiento en transporte público y conducción verde, el ahorro es US$3.270 millones y reduce 33 millones de toneladas de GEI. El GNL en el transporte de carga ahorraría US$1.170 millones y reduciría 29 millones de toneladas del GEI. La renovación de la flota de carga ahorra US$320 millones y disminuye en 27 millones de toneladas de GEI.
Por el contrario, medidas “políticamente correctas”, como los vehículos híbridos y eléctricos en el transporte público y privado, muestran bajos resultados en la emisión de GEI y altos costos. Renovar con vehículos eléctricos la flota de transporte público tiene un costo de US$2.680 millones y contribuye a una reducción de sólo 13 millones de toneladas de GEI. Los vehículos híbridos en transporte privado reducirían en nueve millones las emisiones de GEI, pero el costo es de US$1.080 millones. Por el contrario, la promoción del uso de la bicicleta ahorra US$520 millones y reduce en 12 millones de toneladas de GEI.
Cambiar los bombillos y mejorar las estufas de gas aportan más ahorro de GEI que las medidas en el transporte. El beneficio es de US$1.380 millones.