Cuando se enseñaba historia, la versión oficial de los acontecimientos del 20 de julio de 1810 decía que estos condujeron a una declaración de independencia, plasmada en el acta del Cabildo Extraordinario de Santa Fe.
No es un acta de independencia; se da primacía sobre el pueblo al “augusto y desgraciado monarca Fernando VII, siempre que venga a reinar entre nosotros”. “Derramaremos hasta la última gota de nuestra sangre para defender nuestra sagrada religión C.A.R. (sic, debe ser Católica, Apostólica y Romana) y nuestro amado Monarca Don Fernando VII”. Se nombra como vicepresidente del nuevo gobierno al virrey don Antonio Amar Borbón.
La explícita defensa de la religión católica implicaba aceptarla con la “Santa Inquisición”, abolida ésta temporalmente por Napoleón y reinstaurada cuando cesó la invasión francesa. Para actualizar los protocolos de torturas, en 1821 se imprimió el Manual del inquisidor para uso de las inquisiciones de España y Portugal.
En la historia oficial no se menciona al verdadero caudillo popular de la insurrección del 20 de julio, José María Carbonell. Una de las primeras revindicaciones históricas de este prócer corrió a cargo de Indalecio Liévano en Los grandes conflictos sociales y económicos de nuestra historia.
Recientemente, el escritor Juan Álvarez publicó una corta novela con un oxímoron como título, La ruidosa marcha de los mudos, que tiene como uno de los protagonistas a José María Carbonell. El lenguaje de la obra emplea el habla de la época con modificaciones que lo hacen agradable de leer; es similar al que usó en su diario José María Caballero, obra que le sirvió a Álvarez de fuente histórica.
Caballero era un comerciante mudo que tenía un expendio de chicha en la plaza Mayo. Estaba dotado de gran capacidad para analizar el paso de los acontecimientos y su establecimiento era un sitio de reunión de conspiradores. Participaba en las reuniones secretas del Observatorio Astronómico. En la novela, Carbonell aparece como el amante de la hermana indígena adoptiva de Caballero. Álvarez revindica el papel de Carbonell como un héroe popular en los eventos del 20 de julio. Como “le puso pueblo a la revuelta”, la junta patriótica lo encarceló durante algunos meses. La simpatía de Caballero con Carbonell queda plasmada en el recuento que hace de la ejecución de Carbonell, el 19 de junio de 1816, en la huerta de Jaime. “En ese desgraciado día ahorcan al patriota doctor José María Carbonell… Buen mozo. Fue uno de los que animando al pueblo y el que hizo los mayores esfuerzos para que se prendieran las autoridades (se refiere a que Carbonell pidió cárcel para el virrey y su entorno). Hizo al pie del suplicio una plática que enterneció a todo cristiano, menos a sus enemigos”.
La lectura del diario de Caballero permite concluir que en Santa Fe temblaba con mayor frecuencia que ahora. Que se producían periódicas sequías. Que había medidas profilácticas contra la viruela, traída por los soldados españoles, pero que no se aplicaban al pueblo.
Hay descripciones exageradas de Caballero que recuerdan a Rabelais: “Don Lucas Mendigaña era extraño en comer: su almuerzo diario era medio cordero, cuatro tortas, dos docenas de huevos, un jarro de chocolate, media libra de mantequilla, sopa con carne frita y de postre guiso de pollo. Según el almuerzo se puede figurar cuál sería la comida”.
Las hojas del diario del 20 y 21 de julio de 1810 fueron arrancadas.