Dos de los tres secretarios de Gobierno que ha habido en la administración distrital afirman que una de sus funciones es despejar el camino para que el alcalde sea presidente y un líder latinoamericano. Navarro no hizo públicos estos objetivos. ¿Sería esta la causa de su renuncia?
Un buen congresista como fue Petro ha mostrado que con buenas intenciones produce desastres administrativos.
Si es válida la frase “es más fácil llegar a la Presidencia si se realiza una buena alcaldía que una mala”, se concluye que se alejan las metas del alcalde.
La bandera de la “defensa de lo público” asimilando a la prestación de servicios por entes oficiales, para justificar la municipalización de la recolección de las basuras, tuvo una ejecución improvisada y costosa para las finanzas del Distrito, que debe reflejarse en los estados financieros de la Empresa de Acueducto. Por otra parte, con horror, los ciudadanos no podían creer que se quisiera revivir la EDIS, “pública” pero ineficiente, corrupta, costosa y que además no recogía la basura.
Preocupa si Petro llega a la Presidencia que ponga en ejecución políticas semejantes a las que han demostrado su ineficacia en países gobernados por sus modelos de liderazgo. Por ejemplo, volver a la política de cambios múltiples que pueden usarse para incentivar “lo público” pero que generan corrupción e ineficacia como la que produce la política de control de licencias de importación. Por supuesto que estas prácticas son bien recibidas por sus ejecutores, les otorgan poder y en no pocos casos fortuna. Se decía de algunos superintendentes de control de cambios que pasaban a mejor vida en esta. Se recuerda el poder absoluto de enriquecer o quebrar una empresa de que disponían los miembros de la Junta de Importaciones.
Por qué no, como presidente, revivir Colpuertos, con el argumento de “lo público” y capturar las ganancias de los operadores privados. Mal que bien hoy los puertos que funcionan son eficientes y sus costos, aun teniendo en cuenta los márgenes de utilidad de los inversionistas, son muy inferiores a los que cobraba el monopolio estatal.
Con recursos parafiscales se creó una “empresa pública”, la Flota Mercante, orgullo de Colombia en los mares. Sus fletes eran 3 y 4 veces mayores que los que ofrecía la competencia, pero no se podía contratar con esta, buena parte de los ingresos de la Flota Mercante se obtenían por el pago que le hacían los importadores para poder contratar con un tercero en rutas que nuestra emblemática empresa no cubría. Otro “bien público” que podría rescatarse.
Hoy se padece de una crisis de calidad en la telefonía, pero aún así es más barata y confiable que el monopolio público de Telecom. Otro activo “público” que puede rescatarse.
Por supuesto que los modelos de participación público-privada no son la solución para resolver los problemas de inequidad en la distribución del ingreso, pero tampoco lo es la estatización de los servicios. Políticas que graven las ganancias de la explotación de recursos minerales y las extraordinarias de los sectores del capital, unidas a un gasto que privilegie a los más necesitados, son más eficientes. En esta forma se mejora el coeficiente de Gini.
Es preferible el socialismo siglo XXI modelo Lula que la tripleta Chávez, Maduro, Petro.