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Precios del petróleo

28 de enero de 2009 - 10:20 p. m.

UN EFECTO INDESEABLE DE LA REducción de los precios del petróleo es la pérdida de competitividad de las energías alternativas.

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Con razón se oyen propuestas de no reducir el precio de los hidrocarburos, con el fin de mantener la dinámica de la energía eólica, solar y de los biocombustibles. En relación con estos últimos, el impacto que tienen en el precio de los alimentos, que afecta más a las personas de menores ingresos, hace pensar que vale la pena revisar los incentivos a estos productos.

A lo largo de los 140 años de historia petrolera, el precio del crudo ha mostrado, en períodos cortos, grandes oscilaciones, pero en períodos largos se observa una relativa estabilidad.

Medido en precios de 2006, en el período 1868-2008 el barril se ha cotizado en promedio a US$21,66; se encuentran picos, en el año 1870, con precios de US$80 por barril, y los recientes US$150 del primer semestre de 2008. En el período 1970-2007, que corresponde a la época que siguió al embargo de los países árabes y que desató la primera crisis de la posguerra, el precio medio es de US$26,50/barril. Finalizada la Segunda Guerra Mundial, en el período 1947-1970 los precios nominales suben de US$2,50/barril a US$3/barril, lo cual equivale a un descenso (nuevamente a precios de 2006) de US$17/barril a US$14/barril.

Es bien conocida la política de los Estados Unidos de no ratificar el Protocolo de Kyoto, que busca una leve reducción de los gases de invernadero. Esta decisión es aún más inequitativa, pues E.U. es el país que ha emitido el mayor volumen de anhídrido carbónico a la atmósfera.

En el discurso de posesión el presidente Obama se refirió al tema en los siguientes términos: “…Trabajaremos sin descanso para reducir la amenaza nuclear y hacer retroceder el fantasma de un planeta que se calienta. No vamos a pedir perdón por nuestro estilo de vida…”. Al reconocer explícitamente los riesgos del calentamiento atmosférico, implícitamente acepta que el estilo de vida americano, intensivo en el uso de energía y combustibles, es uno de los causantes del problema, pero que no acepta que se juzgue a su país por su contribución al fenómeno que lo inquieta. En el mismo discurso le da un gran significado a las energías alternativas, incluyendo los biocombustibles: “…Utilizaremos el sol, el viento y la tierra para alimentar nuestros automóviles y hacer funcionar nuestras fábricas…”. Lo cual puede interpretarse como una apuesta tecnológica a la sustitución de combustibles fósiles, sin que su reducción afecte el modo de vida norteamericano.

La respuesta de muchos países a la reducción de los precios del crudo ha sido rebajar  gasolina y acpm al consumidor.

Sin embargo, algunos países europeos no han transferido totalmente esta baja al usuario y utilizan el precio como un eficiente mecanismo fiscal, y como una forma de captar para la sociedad los impactos ambientales que tienen los sistemas de transporte. En Colombia podría desarrollarse una política similar, pero recordando que si se quiere obtener recursos fiscales, la Constitución define que esta decisión corresponde al Congreso; por otra parte, si se quiere adelantar un programa de infraestructura que no aumente el déficit fiscal, ¿por qué no utilizar parte de los recursos que se generan por la baja de precios del crudo?, con sujeción al principio de tributación con representación.

*Rector Universidad Jorge Tadeo Lozano

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