LA APRECIACIÓN DE LA TASA DE cambio que explica en parte la estructura primaria de las exportaciones colombianas como oro, petróleo, carbón y café plantea la urgencia de disminuir la brecha de productividad entre Colombia y el resto del mundo.
Recientes estudios de Urrutia, Ruiz y Clavijo muestran qué poco ha mejorado la productividad relativa.
Mirando series de tiempo, se obtienen conclusiones poco alentadoras. En el período 1915-1950, los salarios reales, una medida de la productividad, crecen menos que el PIB real por habitante, por lo cual la participación del salario en el producto disminuyó. Es posible que la distribución del ingreso no se haya deteriorado pues crecieron más los salarios del personal no calificado que del calificado. El salario no calificado crece al 2,56% anual, y el calificado lo hace al 0,42%, el medianamente calificado al 0,63% anual. Esta reducción de la brecha entre salarios no calificados y calificados se explica por el bajo entrenamiento que requiere la tecnología simple en la primera mitad del siglo. Por otra parte, las políticas del presidente López Pumarejo de respeto y estímulo a la actividad sindical contribuyen a reducir el diferencial entre obreros y empleados. En el período 1955-1997 la situación se modifica, pues crecen más los salarios de los trabajadores calificados al 2,4% anual contra el 1,31% de los no calificados. Esta situación se hace más notoria a partir de 1980, lo cual refleja una más compleja forma de producción. Hasta 1969 la “rentabilidad” de la educación básica superaba la de la superior, luego se cambia a favor de la educación universitaria.
En el período 1980-2006, el crecimiento del salario real es muy bajo, 0,67% anual, en el sector financiero los salarios lo hacen al 2,1% anual, tal vez por el impacto de la tecnología de transmisión de datos, que aumenta la productividad del sector.
En el período 1950-1980, la productividad laboral sólo creció al 1,8% anual, en China lo hace al 2,9%, en Malasia al 2,1%, en Chile y Brasil la productividad crece al doble de la colombiana. Entre 1981 y 2010, la productividad laboral no creció y entre 2008-2010 decreció al 3,9% anual. Estos períodos coinciden con el aumento de la cobertura de la educación superior y del permanente discurso sobre competencias, innovación, creatividad, globalización y emprendimiento. El resultado de haber cedido a las necesidades inmediatas del sector productivo, con prelación a una educación más humanística no ha tenido los resultados esperados. Las cifras de productividad no avalan lo “práctico” sobre la educación holística y humanista.
La política de “confianza inversionista” que se traduce en generosos subsidios a quienes más recursos tienen, no atenuó la caída de la productividad. A pesar de haber reducido el costo del capital, la productividad total se contrajo al 1,9% anual y la laboral al 3,9%.
Por los regalos fiscales, el fisco no es el principal beneficiario de la inversión minera. Las obras de infraestructura, necesarias para la competitividad, están desfinanciadas como lo están los sectores de salud y seguridad social.
El crecimiento económico de 2002-2007 no se distribuyó equitativamente entre el capital y el trabajo, este último perdió participación en el PIB y el índice de GINI aumentó mostrando una mayor inequidad.
Los generosos subsidios crearon una bomba fiscal, que de no desactivarse impedirá que el Estado invierta en la infraestructura y la superestructura necesaria para tener una economía competitiva.
* Rector Universidad Jorge Tadeo Lozano