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Rana

23 de diciembre de 2015 - 09:56 p. m.

Un conocido cuento dice que si una rana se pone en un platón de agua hirviendo, salta inmediatamente y se salva; si, por el contrario, se coloca en un platón con agua fría sobre una estufa, la rana se siente cómoda, y no se escapa cuando el agua hierve y muere.

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Este se aplica a los dos peligros planetarios: la disminución de la capa de ozono y el calentamiento global. El primero se asimila a colocar la rana en agua hirviendo, encuentra una salida salvadora.

La capa de ozono se encuentra en la estratosfera entre 20 y 26 km de altura. La radiación solar tiene un componente de alta frecuencia, la ultravioleta, superior a la luz visible. Esta radiación tiene efectos nocivos sobre el ADN, aumentando el riesgo de producir cáncer en la piel. Se estima en 10.000 veces más la probabilidad de quemaduras en la piel que puede volverse cancerígena si se expone a la radiación ultravioleta. La humanidad se protege gracias a la capa de ozono que absorbe casi toda la radiación nociva. El ozono se produce en la alta atmósfera al interactuar con la radiación solar los átomos de oxígeno.

Los hidrofluorocarbonos (HFC) usados en las neveras y aires acondicionados destruyen la capa de ozono. En el hemisferio sur se detectó el llamado agujero del ozono que cubría toda la Antártica. La protección del ozono disminuye más en la zona templada que en los trópicos. El riesgo de cáncer en la piel es mayor en los habitantes WASP (por sus iniciales en ingles: Blanco Anglosajón y Protestante). La piel oscura es menos susceptible al daño por la radiación ultravioleta.

Era urgente encontrar una solución. Los australianos y los nórdicos dejaban de asolearse en sus frías playas, el color de la piel y la mayor cercanía a los polos los hacía más vulnerables. En 1987 se negoció el Tratado de Montreal que entró a regir en 1989, se restringió el uso de los HFC, y se prohibió el de los hidroclorofluorocarbonos (HCFC). La capa de ozono se está recuperando. Se busca hacer más estricta la prohibición de los HFC por su efecto nocivo sobre el ozono, y por su alto poder de gas de invernadero, una molécula de HFC tiene el efecto de 10.000 moléculas de CO2.

A diferencia de la efectividad de la comunidad internacional para afrontar el riesgo de la reducción de la capa de ozono, no se ven los mismos resultados para reducir el calentamiento global. Los efectos de este fenómeno son lentos (medido en la escala de vida humana), pueden afectar más a los países pobres que a los países WASP; estos pueden proteger, al menos durante un tiempo, su infraestructura y sus ciudades, no así países como Bangladesh en los cuales unos centímetros de elevación del mar sumergen buena parte de su territorio.

Parecería que la humanidad se siente cómoda con los efectos actuales del aumento de temperatura; algunas regiones frías pueden volverse zonas agrícolas, el aire acondicionado permite disminuir las molestias de veranos más cálidos, que causan muertes por deshidratación en los países tropicales.

Hay similitud con el cuento del sapo; el efecto del aumento del cáncer de la piel era inmediato, como el sapo en agua hirviente, el crecimiento de la temperatura atmosférica recuerda al sapo en el platón disfrutando del agua tibia; cuando hierva será tarde.

El celebrado acuerdo de París es un buen acuerdo para buscar acuerdos. Un pacto de “caballeros” sin capacidad sancionatoria.

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