No será la última vez que el candidato o la opción política con la que simpatizo pierda las elecciones.
Esbozaré algunas hipótesis del desfase entre las encuestas y la realidad de las urnas. Puede afirmarse que las encuestas sí acertaron; predijeron la intención de voto de quienes contestan en horas hábiles en las ciudades un teléfono fijo y responden una entrevista.
La mayor discrepancia entre la predicción y el resultado no es el tamaño de la muestra. Generalmente mayor de 1.000 encuestados, es lo poco representativo del espacio muestral. Hoy, una encuesta telefónica respondida en horas hábiles en una casa no permite deducir la intención de voto. ¿Cuántos jóvenes contestan un teléfono fijo aun si están en la casa, digamos estudiando? Los desempleados tampoco están representados en la muestra, deben estar afuera buscando trabajo, tertuliando o evitando deprimirse aún más si permanecen en casa. Una encuesta telefónica en días hábiles puede ser muy útil para indagar la preferencia de las telenovelas que se emiten después del mediodía o para conocer el posicionamiento de un detergente. Pero no es una muestra representativa que permita anticipar los resultados de una elección. Las encuestas cara a cara son más costosas por entrevista, pero más confiables. Como se enseña en cualquier clase de muestreo, tiene más significación la selección de la muestra que el tamaño de esta.
Se mencionó que contestar No a los encuestadores era dar una opinión “socialmente indeseable”. Si este hecho fue percibido por los encuestadores, han debido cambiar la metodología por las técnicas conocidas como “respuesta aleatoria”. Aunque más “costosa” de realizar por cada encuestado y además solo puede realizarse “cara a cara”, permite que el encuestador no sepa si quien contestó lo hizo diciendo la verdad o por azar, por ejemplo tirando una moneda o un dado, el método sí permite evitar el sesgo de la respuesta “si esta no es políticamente correcta”.
Para cumplir la ley, las firmas encuestadoras publican la ficha técnica de la encuesta. Si lo hacen en la televisión dura unos segundos, aun expertos en lectura rápida no logran leer la información. Si lo hacen en un medio impreso, el tipo de letra microscópica desanima a quien quiera obtener la información que le permita deducir la confiabilidad de los resultados.
Fue decisivo en el resultado del plebiscito el direccionamiento del voto a miembros de las iglesias cristianas, con argumentos como “preservar el modelo de familia”, “evitar la ideología de género” o “cerrar el paso al ateísmo marxista”, etc.
Es bien posible que entre los creyentes de las doctrinas cristianas todavía sea mayoritaria la pertenencia a la Iglesia católica. El pontífice fue explícito días antes de la elección en mostrar su preferencia por el voto Sí, pero esta directriz no fue trasladada con toda claridad y en todos los púlpitos. Puede esbozarse la siguiente hipótesis. Ha sido tradicional una cierta divergencia, no al nivel de un cisma, entre la comunidad jesuita y las otras comunidades religiosas católicas. Por lo tanto la orden —cuando los papas hablan no dan mensajes, dan órdenes— de un papa jesuita no iba a tener la misma entusiasta acogida por los clérigos de las otras comunidades. Otro hecho que se desprende de los resultados es que la obediencia a los jerarcas católicos por parte de sus fieles es menos pronunciada que el acatamiento de los feligreses a los pastores de las otras Iglesias cristianas.