LAS RELACIONES COLOMBO VENEzolanas atraviesan periódicamente momentos difíciles, en el pasado se han solucionado sin dejar heridas profundas, aún en situaciones más complejas que las actuales.
Basta recordar las tensiones vividas durante el gobierno de Carlos Lleras cuando Venezuela detuvo un barco pesquero colombiano en área marítima no delimitada. Se dio el reversazo, ordenado por el ejército venezolano, al acuerdo logrado para la delimitación de la frontera marítima, acuerdo que adicionalmente definía la forma de explotación conjunta del petróleo que pudiera existir en yacimientos que comprendían áreas marítimas de ambos países. El inminente ataque a la fragata ARC Caldas estuvo a punto de desencadenar un enfrentamiento militar entre ambos países. El resultado de estos hechos ha sido generalmente un escalamiento del gasto militar, para satisfacción de las empresas y comisionistas del negocio de las armas. Cómo no recordar aquella entrevista del presidente Virgilio Barco, a la revista South, en la cual decía que con tantas necesidades de los países para lograr unos niveles de desarrollo era mejor que el presupuesto no se gastara en armas sino en comisiones.
No son nuevas las políticas implícitas de nuestro vecino en relación con el conflicto interno. Basta pensar en el refugio y posterior entrega del guerrillero liberal Eliseo Velásquez: se le atribuye que esta acción motivó la nota diplomática por la cual Colombia reconoce la soberanía venezolana a los islotes de los Monjes. El médico guerrillero y novelista aficionado Tulio Bayer, se desplazaba a sus anchas entre el Vichada y Venezuela.
En el pasado, las relaciones eran mucho más enrarecidas. Por una parte existía un nivel de anticolombianismo en Venezuela, hoy, afortunadamente, éste ha desaparecido casi por completo. Por otra parte las relaciones comerciales y aún turísticas eran casi nulas, las restricciones de vuelo Bogotá-Caracas obligaban a que las pocas reuniones comerciales se realizaran en Miami, la comunicación telefónica se hacía vía Nueva York, y a esto se agregaba el componente de la frontera marítima no delimitada.
Hoy nos conocemos más, hay inversiones cruzadas en ambos países y antes de la crisis el intercambio comercial superó los US$10.000 millones.
Entonces, ¿por qué no se resuelven los problemas? Adelanto una hipótesis. En el pasado en ninguno de los países, terminadas las dictaduras militares, existía la reelección, por lo tanto a los presidentes no les interesaba utilizar “el enemigo externo” como fuente electoral para mantenerse indefinidamente en el poder. Era más eficiente resolver los problemas que acrecentarlos.
Las modificaciones constitucionales realizadas en Colombia y Venezuela para favorecer a quienes tienen más vocación de caudillos que de estadistas, hacen muy difícil zanjar las diferencias, pues éstas les dan beneficios electorales, así el costo económico y social sea creciente.
Si el amor por la “Patria” o por el “Socialismo del Siglo XXI” superara las vanidades personales y el afán de utilizar el poder del Ejecutivo para perpetuarse en el poder, las relaciones diplomáticas se habrían normalizado y se evitaría en ambos lados la carrera armamentista que captura los recursos fiscales, que bien pueden invertirse en mejorar la calidad de vida de los habitantes de ambos países.
* Rector Universidad Jorge Tadeo Lozano