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Los García conquistan Washington

08 de marzo de 2011 - 10:18 p. m.

Un sábado cualquiera en la noche, en medio del gélido invierno, el agobiante calor de La Guajira se traslada a Washington con su carga de espíritus que vagan con el viento; contrabandistas armados escondiéndose de la autoridad; músicos pueblerinos que cobran más caras las interpretaciones de los valses, porque éstos son más tristes; monjes y monjas que predican, literalmente, en el desierto; estatuas de ángeles que danzan; hombres que trafican con naranjas que llevan diamantes dentro; niñas obligadas a prostituirse y abuelas que actúan como proxenetas.

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Se trata, por supuesto, del mundo del realismo mágico del Gabo, en este caso con La cándida Eréndira y su abuela desalmada, que durante un mes agotó entradas durante la exitosa temporada que se llevó a cabo en el Teatro Hispano Gala. La excelente dirección del maestro Jorge Alí Triana, en la adaptación para teatro que hizo conjuntamente con Carlos José Reyes, y la actuación de un elenco en el que se destaca la consagrada actriz Laura García en la impecable caracterización de la Abuela, así como las buenas interpretaciones de Paola Baldión como Eréndira e Ignacio Meneses, como Ulises, entre otros, permitieron al público latino y angloparlante, gracias al sistema de pantallas con subtítulos, gozar por dos horas de ese mundo caribe, mágico y preñado de sorpresas, donde una dramática historia como ésta termina convirtiéndose en una obra de arte gracias a la pluma infinita del maestro García Márquez.

Aquí vale la pena recalcar la importancia que para el país tiene esta “diplomacia paralela”, que de la mano del lenguaje universal de la cultura logra posicionar de manera positiva la imagen de Colombia en el exterior. Tan es así que un periódico exigente como el Washington Post dedicó tres páginas a la puesta en escena de la obra, con una gran entrevista a Jorge Alí Triana y una destacada reseña de Celia Wren, crítica independiente, reconocida por sus comentarios sin compasión, y quien cayó rendida bajo el embrujo garciamarquiano. “Despotricando con voz ronca mientras reina desde su mecedora, o paseando bajo los restos carbonizados de su sombrilla, García —refiriéndose a la actriz— hace de la abuela un monstruo fascinante y decadente cuyos ojos resplandecen desde la profundidad de un rostro devastado”, como inmejorablemente lo anota Wren.

Al final, y luego de los nutridos y muy merecidos aplausos, los asistentes van abandonando la sala en medio de animados comentarios. Dejando atrás el calor del trópico se ajustan sus bufandas y abrigos para meterse en el frío de la noche. Alguien asegura haber visto entre al público, justo en la fila adelante a la suya, a un presidente sudamericano que estaba de incógnito. ¿Déjà vu o sobredosis de realismo mágico?

Por José Luis Ramírez León

Abogado, analista internacional, profesor, periodista y diplomático. Colabora con varios medios de comunicación, nacionales e internacionales, así como diversos pódcast. Fue asesor del secretario general de la OEA y secretario general de la CAF.
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