Luego de más de un año de investigaciones e indagaciones realizadas por el periódico alemán Süddeutsche Zeitung y el Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación, conocimos la “punta del iceberg” de lo que muchos sabían existía e incluso utilizaban, y que se refiere a 214.000 sociedades fantasma que fueron creadas con la asesoría de una prestigiosa firma de abogados en la Ciudad de Panamá.
Vale decir que en la denominada modalidad offshore una compañía legítimamente puede beneficiarse para facilitar el comercio exterior o lograr regulaciones menos complejas en el contexto internacional; o incluso, por motivos de seguridad, garantizar ciertos niveles de anonimidad en la propiedad de ciertos recursos. Seguramente en dicha categoría entran muchas compañías colombianas en los “papeles de Panamá”. Sin embargo, muchas otras compañías y personas pueden hacer uso de dicha identidad pantalla para evadir impuestos o blanquear capitales provenientes de fuentes ilícitas (narcotráfico, sobornos, etc.).
Lo que hemos conocido es que en la lista de Panamá aparecen bancos de gran prestigio, firmas de abogados, políticos, sociedades fiduciarias y hasta celebridades como Vladimir Putin, Mauricio Macri, Hosni Mubarak, el expresidente de Islandia, Juan Carlos de Borbón, David Cameron, entre otros.
De las filtraciones, resulta eso sí, por lo menos curiosa, la forma como se comunicaba la firma de abogados con sus respectivos clientes para lo que se ofrecían direcciones de correo electrónicas anónimas o con nombres falsos que incluso aparecen en conversaciones formales:
“Del Pato Donald A: Winnieh de Pooh
Estimado Señor Winnie the Pooh: Les escribimos con motivo del compromiso pendiente con Harry Potter y nuestra llamada de hace dos días………….
Posteriormente los correos describen cómo los servicios de la firma son sencillos. Por US$1.000 constituyen la sociedad buzón y crean la cuenta bancaria. Por algún dinero extra y, dependiendo del tipo social que se requiera constituir, proveen el administrador aparente y todos los demás elementos que requiera el negocio. La sociedad se vuelve una caja negra que no permite revelar el nombre del dueño verdadero del patrimonio”.
Lee uno la correspondencia y se pregunta para qué tanto misterio. La afirmación según la cual las sociedades se convierten en cajas negras no es un simple símil. Habría que ver si además la caja negra ni siquiera se abre para pagar los impuestos.
En el marco de un país que transita a la finalización de un conflicto, que necesita entre otros mayores niveles de equidad, pero sobre todo de transparencia, situaciones como la que se ha presentado merecen no sólo la atención de la DIAN, sino invitan a que superemos en muchos casos parte de esa doble moral del colombiano. La misma doble moral que lleva a hacer transacciones de compra y venta de inmuebles por debajo de su precio real para disminuir el pago de impuestos, que critica la corrupción de lo público, pero que no tiene problema para esconder activos y tributar menos frente al fisco. Con qué autoridad se habla de elevar los niveles del IVA cuando muchos grandes nombres prefieren esconder su dinero para no tributar en Colombia. Por simple ejercicio de equidad, habría entonces que preguntarse en simultánea con el aumento del IVA cómo vamos a hacer para que la totalidad de esos US$100 mil millones colombianos que se mueven por el mundo de los “paraísos” tributen el valor que les corresponde.
Vale la pena escribir una carta de vuelta: “Estimados Pato Donald, Winnie de Pooh y Harry Potter. Les escribimos con motivo del compromiso pendiente que tienen ustedes por varias décadas y la llamada que hace el país derivado de lo que viene a continuación.
La primera tarea a realizar es construir una cultura ética en la que reconozcamos que todos debemos aportar parte de nuestra riqueza a la construcción de un país que tiene hoy la gran oportunidad de salir adelante, pero que sin su concurso seguirá siendo una caja negra de corrupción, evasión e inequidad.
Atte. Los Dumis (Colombianos).”
Y una recomendación adicional para el caso colombiano. No sigamos usando los datos de Panamá para desprestigiar a nuestro contrincante político. Este no es un problema político, es un asunto serio de integridad.