En medio de los escándalos y abusos que se han presentado en casos de algunas instituciones de educación superior, es sano insistir sobre la que debiese ser la prioridad de la política pública en educación superior, que sin duda alguna es la calidad.
Los avances desde 1991 a 2014 hablan de incrementos en cobertura desde un 17% hasta más de un 43%, resultado que siendo muy positivo, cuando no se logra con verdadera calidad, llama la atención sobre su posible impacto en frustraciones a muchas familias y jóvenes, que pueden terminar siendo atendidos por instituciones de dudosa reputación y con muy bajos estándares de calidad educativa.
Es justamente en esta dirección donde debe destacarse la política de becas a los mejores estudiantes de los estratos sociales más bajos, quienes están entrando a las mejores universidades del país (con acreditaciones institucionales de alta calidad), accediendo así a oportunidades que seguramente habrán de cambiarles sus perspectivas de vida profesional, académicas y familiares. Basta leer o conocer las historias de muchos de estos jóvenes para constatar el extraordinario impacto que su educación superior va a tener en la realización de sus sueños de vida.
Esta preocupación, ahora mayor por la calidad como objetivo principal, es pertinente frente a un artículo recientemente publicado por el World Economic Forum y elaborado por los investigadores Carolina González- Velosa y Sergio Urzua, quienes en este mes se hacen la siguiente pregunta: “¿Es la educación superior siempre una buena inversión?”.
Ellos desarrollaron un estudio de campo para Chile y Colombia que concluye que si bien el impacto o retorno de la educación universitaria es del 62% en Chile y del 26% en Colombia, dicho análisis en el caso de la educación técnica en Colombia es incluso negativo. Dicho de otra manera, no existe retorno positivo al promedio de la educación técnica en el país. Y aun en el caso de la educación universitaria, el impacto tiene un alto nivel de dispersión, al punto que en el caso colombiano hay un 30% de probabilidad de un retorno negativo.
El mensaje es que es indispensable elevar los estándares de calidad de todo el sistema de educación superior colombiano y en especial de la formación técnica y tecnológica. En segundo lugar, que es indispensable explorar con más detalle criterios de calidad que superen la disponibilidad de recursos (llámese infraestructura, niveles de formación de los profesores, cantidades de libros, existencia de documentos de política o planes educativos, entre otros asuntos), y avanzar en medir y evaluar el impacto del proceso de aprendizaje (utilizando mecanismos como los resultados de aprendizaje o la evaluación de competencias como el pensamiento crítico, la capacidad de comunicación oral y escrita, las habilidades para enfrentarse a nuevo conocimiento, creatividad y capacidad de análisis) o el impacto como profesionales o egresados de los estudiantes durante los primeros años de vida profesional (impacto medido en ingresos laborales, tasas de desempleo o similares asuntos en la vida laboral).
Si no ponemos el asunto en este propósito, dice el estudio, los costos sociales pueden ser enormes, y no habremos logrado en 2025 el propósito de ser uno de los mejores en educación superior en América Latina.
Habiendo hecho un avance tan importante en cobertura, llego el momento de apostarse con más fuerza por la calidad. Allí está el gran reto.
De postre: sobresalientes los avances del país en materia de emprendimiento e innovación. El hecho de que un estudio del Foro Económico Mundial nos ubique junto con Chile en los líderes en emprendimiento comparados con 42 economías mundiales (superando a naciones como EE.UU., Reino Unido, Alemania o China), es un resultado que merece ser destacado. Lo que esto significa es que tenemos ganas, pasión, ambición, iniciativa y creatividad. Nos hace falta, eso sí, complementar lo anterior con un verdadero espíritu de innovación, desarrollo científico y tecnológico y una política y estrategias que promuevan y apoyen ese espíritu e iniciativa empresarial.
José Manuel Restrepo Abondano *
Rector de la Universidad del Rosario
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