Este domingo es un día especial en la democracia colombiana.
Entregamos a otros colombianos la enorme responsabilidad de dirigir los destinos de nuestro o legislativo con el fin de orientar el rumbo de la nación y corregir, controlar y actuar sobre las propuestas del Ejecutivo. Hoy esperamos elegir a aquellos que propondrán y debatirán proyectos de ley que le permitan al país un mejor rumbo por los próximos cuatro años.
Quisiera especialmente que cada uno de los lectores dedicase atención a aquellos legisladores que habrán de liderar los asuntos más importantes de la agenda legislativa económica del Congreso que comenzará en el segundo semestre del año. Particularmente este Congreso habrá de legislar y regular lo que se derive del proceso de paz, seguramente tendrá entre sus manos la reforma educativa y la reforma a la salud. Tendrá también en ciernes la posibilidad de una reforma tributaria y de una pensional. Deberá reconocer con cuidado las dificultades y oportunidades de la ratificación de nuevos acuerdos de comercio y discutirá en detalle la nueva ley de tierras que tanta falta le hace al país.
Le convienen a Colombia congresistas que desde distintas perspectivas tengan claro que en el comercio internacional existen oportunidades que no podemos desaprovechar, pero que debemos ser cuidadosos en los contenidos de dichos acuerdos para no terminar destruyendo capacidad productiva en los sectores más débiles. Es conveniente que lleguen personas equilibradas que no caigan ni en el “fundamentalismo ambiental y social” que se contrapone al desarrollo, ni en aquellos que se olvidan de la necesidad de un desarrollo productivo responsable con el medio ambiente y con los más necesitados.
Dentro de los temas de la agenda que viene son de destacar los asuntos de la definición de baldíos y de tierras, así como de desarrollo rural. Para que el campo crezca es indispensable revisar el tema de la tierra con criterio empresarial productivo, de equidad, de asociatividad, de desarrollo tecnológico y de hacer verdaderamente rentable al campo.
Es indispensable una reforma a la justicia que le devuelva dignidad a la tarea de jueces y magistrados, y que no termine convirtiendo a la justicia en un obstáculo al desarrollo. Avances como la ley de incidencia fiscal son muy importantes en un país que debe entender que por la vía de sentencias y de tutelas no podemos terminar quebrando las arcas fiscales del Estado.
Si queremos un país más competitivo y justo necesitamos un Congreso que sea capaz de manejar con criterio de bien común (y no de sus intereses particulares que los tienen mucho) en materia de educación superior, ciencia y tecnología. Necesitamos congresistas que a diferencia de los actuales estén dispuestos a gastarse un capital político para darle al país una educación superior de más calidad, internacional, sostenible y orientada al desarrollo científico del país. Un Congreso para el que ni las presiones de la MANE, ni Fecode, ni la de los “empresarios de la educación”, ni la de los “politiqueros” de turno terminen definiendo su particular y agotado modelo de educación.
Será también una legislatura que debe enfrentarse a dos reformas polémicas, pero indispensables. Muy posiblemente una tributaria y una pensional que permitan construir un país más equitativo y sostenible fiscalmente en el largo plazo. Se viene hacia delante el fin de los ingresos de impuesto al patrimonio y el nuevo Congreso debe lidiar con este problema que puede representar $7 billones, por vías en donde no terminen pagando los mismos “paganinis” de siempre, que es la clase trabajadora. De manera similar, la reforma tributaria debe incluir nuevos recursos para el país en el posconflicto y en especial para la urgencia de desarrollo de infraestructura.
Cierro con congresistas que no cedan a presiones para una reforma a la salud y que diseñen un modelo sostenible, eficaz en el servicio, con alta cobertura y menos oligopólico. Todo lo anterior exige que votemos, sea cual sea el partido, pero siempre con la convicción en la mente del voto, que el país necesita “personas superiores” para liderar estos gigantescos retos sociales y económicos que se avecinan.
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José Manuel Restrepo Abondano
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