Cada vez que se acerca un Año Nuevo, nos dedicamos a hacer balances y predicciones. En el caso económico esto no es una excepción, pero anticipar lo que suceda en el 2016 no parece tarea fácil.
El 2015 nos deja en Colombia un crecimiento que pudiese ser considerado alto comparado con los países de la región y buenos avances en reducción de la pobreza y el desempleo. Sin embargo, también nos deja la perspectiva de un punto de inflexión en el control a la inflación sumado a un aumento ligero en la tasa de desempleo en los últimos meses, así como uno de los años con mayor devaluación. El año que viene podría entonces caracterizarse como de alta incertidumbre, con preocupaciones centrales en especial en el doble déficit que se enfrenta en lo fiscal y cuenta corriente y un aumento inquietante en la proporción de deuda para financiarse.
Pero el año que termina, es también un año de giro radical para la economía colombiana y de ella en su inserción en el mundo. Se acabaron los vientos de cola que permitieron que nuestra economía y la de muchos más emergentes lo hicieran a las tasas a las cuales crecimos por casi un lustro o más. Esos mismos vientos que facilitaron la caída en el desempleo, la reducción de la pobreza absoluta y relativa y la sobresaliente construcción de clase media. Lo que se alcanza a vislumbrar para la región son crecimientos cercanos al cero por ciento e incluso menos.
Con el nuevo año se anticipa ya la peor caída de los precios del petróleo que únicamente se había dado a este nivel en el momento en que el mundo vivió la crisis financiera mundial. No significa esto que esta se repita, pero si anticipa momentos de cuidado y atención para la economía global. Aparentemente, el interés de sostener su parte en el mercado por parte de la OPEP, sumada a las mayores eficiencias de producción en USA y la eventual llegada de nuevos actores al mercado, dejan dudas sobre si será o no posible volver a un petróleo más costoso. Y mientras tanto, países como el nuestro seguirán en incertidumbre.
El año que termina significa también el cambio de modelos basados en laxitud monetaria y uso de dicha política para motivar el crecimiento, tal como sucedió recientemente en USA y como persiste aún en Europa. Sin embargo, normalmente cuando la FED aumenta tasas ha sido siempre momento en que a nuestros países emergentes les va peor (Basta simplemente recordar la Crisis del Tequila y la Crisis económica de 1999). Surgen entonces dos preguntas, significa esto un peor momento para América Latina incluido nuestro país? O seremos capaces de contrarrestar el histórico efecto. Y por el otro lado, qué tan sostenible es tanto para USA como para Europa mantener esos diferenciales de manejo monetario y cambiario?
Desde la demanda, llegamos también a un año que marca el inicio de una era en la que China no levanta cabeza y seguramente no tendrá la fuerza suficiente para sostener el crecimiento mundial y la demanda de bienes básicos. A manera de pregunta, qué tanto de este impacto lo vamos a sufrir en Colombia cuando estamos hablando de quién ha sido recientemente el segundo socio comercial del país.
En medio de este escenario incierto no sobra decir que es momento para apretarnos el cinturón, para ser prudentes en el gasto público y para animar nuestro propio crecimiento y la dinámica interna de la economía. Para este reto, los actores de política macro deberán equilibrar muchos asuntos como el crecimiento del salario mínimo, el manejo fiscal, la reforma tributaria, la reforma pensional, entre otros. Lo anterior supone el cuidado de no llevarnos a escenarios que no seamos capaces de administrar o financiar, de garantizar un crecimiento a corto plazo y animar el consumo e inversión interna, pero también hacer los cambios estructurales que necesita el país para enviar señales de confianza a actores internos y externos.
Cerrando el año 2015 y dándole la bienvenida al incierto económicamente hablando 2016, un saludo especial de feliz año a todos los lectores de EL ESPECTADOR.
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