El domingo 22 de noviembre en Argentina comenzó el proceso de autodestrucción histórico del insensato Socialismo del Siglo XXI.
Un personaje sin el apoyo del tradicional partido de gobierno, sin la maquinaria clientelista del poder, se elige como presidente de Argentina. Una nación sumida en la desesperanza, odios y revanchismos de clases sociales promovidos desde el gobierno y corrupción rampante. Una nación en crisis económica. Basada en datos oficiales no confirmados y dudosos, un país con inflación superior al 25 %, pésima calificación de riesgo, reservas internacionales e inversión extranjera en situación crítica y tasas de crecimiento muy malas.
Este cambio en Argentina, que parecía imposible, es hoy una realidad y lanza un mensaje a gobiernos de similar factura como el propio de Ecuador que ya están “pasando aceite” y que ponen en evidencia los frustrados modelos populistas que regalando dinero o endeudándose sin control o aún restringiendo libertades, creen que pueden manosear a los menos favorecidos para apoyar democráticamente sus insensatos intereses. Hoy la clase media no se aguanta ni acepta esta irracional manera de gobernar, porque a diferencia de las clases bajas del pasado que sí lo hacían por pura necesidad, es una clase educada y deliberante que tiene criterio y exige.
Al igual que Argentina, hoy le toca a Venezuela decidir en sus elecciones parlamentarias, en medio de un escenario en el que la irracionalidad del Socialismo del Siglo XXI llegó bastante más lejos. Hoy es un día histórico para nuestra vecina nación. Hoy deciden si siguen en el mundo de la insensatez en la política o si dan un pequeño paso adelante para superar sus dificultades. Hoy deciden entre las restricciones a la libertad de expresión, de comunicaciones, de asociación, políticas, de empresa, entre otras, o si prefieren seguir construyendo una verdadera democracia. Hoy deciden entre una dictadura disfrazada de democracia o una nación verdaderamente libre.
Hoy también deciden si quieren vivir de las migajas de un populismo que los llena de computadores, televisores, taxis, subsidios, comida y bebida, o si quieren iniciar la recuperación económica de una nación que otrora fue próspera y con futuro.
Para no ir muy lejos basta revisar las cifras. Hoy Venezuela presenta un crecimiento negativo del más del 6,7 % estimado para 2015, pobreza del 73 %, inflación estimada del 205 % en el 2015 y para el 2016 del 800 %, reconocimiento como uno de los países más corruptos del mundo, índice de escasez del 59 %, segundo país en el mundo con más homicidios, entre otros datos.
Y ante semejante situación, la reacción del Gobierno es a no actualizar los datos oficiales, situación que demuestra el ánimo de esconder, la ineptitud en la capacidad de gestión pública, la corrupción desbordada o el interés de perpetuarse como sea en el poder.
Todo lo anterior confirma que las decisiones de la elección parecerían obvias, pero el insensato Socialismo del Siglo XXI hará todo lo posible por lograr lo contrario. Dicen algunos que incluso existe riesgo de alterar el resultado electoral o enrarecer el ambiente electoral previo o durante la elección misma. Nadie sabe aún las razones del reciente asesinato de uno de los miembros de la oposición. Al fin y al cabo parece que al Gobierno de turno se le agotan los medios legales y racionales para ganar la elección y nada raro sería llegar a los ilegales o irracionales.
De lo anterior nos quedan lecciones. Cuando los gobiernos actúan irracionalmente, destruyen capacidades de largo plazo o son ineficientes en la gestión pública, las naciones y la nueva clase media se aguantan uno, dos y de pronto más períodos, pero aquí sí aplica el dicho que “no hay mal que dure cien años ni cuerpo que lo resista”.
En momentos como este, es justo acompañar a una nación que se merece verdaderos gobernantes, comprometidos con el bien común y responsables con un país hermano que tendría muchas posibilidades de recuperar una senda de progreso y sensatez.
Si estas fueren verdaderamente elecciones limpias, la decisión estaría en manos de la mayoría del pueblo venezolano que quiere, necesita y se merece un cambio. Esperemos los resultados.
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