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Humanidades y empatía en clave de futuro

24 de febrero de 2018 - 09:00 p. m.

Así como la visita reciente del papa Francisco a Colombia estuvo cargada de mensajes para muchos actores de nuestra sociedad, asimismo lo estuvo en su paso por Perú y Chile. De su visita a Colombia aún resuena el eco de su voz cuando llamaba a los jóvenes a no perder la esperanza o a no dejarse robar la alegría, a que asumieran el futuro pensando y actuando en grande, a acompañar a los más necesitados y olvidados de la sociedad, y en nuestro caso particular, la invitación a los jóvenes a que ayudaran a los grandes a entrar en la cultura del encuentro y, sobre todo, en la cultura del perdón.

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De todas las reflexiones en Perú y Chile, una de mis favoritas es la que expresara en la Universidad Católica de Chile, uno de los centros de educación superior más importantes de América Latina, en donde Francisco delineó lo que a su juicio debe ser el rol de la educación en el futuro de nuestra humanidad. Dos palabras salen de ese discurso: convivencia y comunidad. La primera de ellas resume el propósito de hacer de la universidad un espacio para construir diálogos, para que se enseñe a los jóvenes a pensar y razonar de forma integradora. Pero este mensaje de convivencia también implica un llamado a la empatía, en donde lo que se hace y se piensa tenga que ver con lo que se siente y viceversa. En síntesis, una universidad que construya una sociedad que sea capaz de pensar no sólo en el “yo”, sino en el “nosotros”, donde logre al final unidad en medio de la diversidad.

La segunda palabra de Francisco: comunidad, hace referencia a que no podemos ser indiferentes a las necesidades del otro, a que abramos oportunidades y generemos inclusión y acceso a oportunidades a todos. Lograr esto es también un llamado a que las universidades se comprometan con una educación de excelencia y pertinente. Al final Francisco resumió las dos palabras en una invitación a que las instituciones educativas “generen procesos que iluminen la cultura actual, proponiendo un renovado humanismo que evite caer en reduccionismos de cualquier tipo”.

Un mensaje similar es el que expresara con distinto estilo Peter Salovey, reconocido psicólogo de la inteligencia emocional, como presidente de la Universidad de Yale y la historiadora presidenta de Harvard Drew Gilpin Faust. Para ellos las universidades tienen el reto de formar en la empatía, en el optimismo y en la incertidumbre a través de las humanidades. Éstas deben permitir conversaciones y acciones sobre el desafío global que significa un crecimiento incluyente y equitativo, que abrace la diversidad y respete el medioambiente.

Estos mensajes son cada vez más necesarios en medio de esto que llamamos la cuarta revolución industrial, en donde el desarrollo no puede hacer que lo humano se distancie de lo físico y tecnológico. Pero también lo puede ser en medio de una humanidad que amenaza no sólo su destino sostenible, sino que pone en entredicho la propia democracia por la vía de los populismos. Basta simplemente leer los mensajes en redes sociales para constatar cuánta falta hacen las humanidades para simplemente enfrentar la rabia y mentira que ellas destilan.

De pronto para enfrentar esa rabia en las calles de Bogotá, que lleva a un joven (seguramente politizado) a la irracionalidad de lanzar una bomba de gas lacrimógeno a un Transmilenio totalmente lleno de pasajeros. Necesitamos mucho de la dosis que proponen los dos presidentes universitarios y el papa Francisco.

Diferencias políticas o ideológicas siempre habrá, pero lo que no puede suceder es que perdamos el norte de lo que significa nuestra condición humana y caer en la intolerancia, la división y el conflicto deshumanizado. Como lo expresó Hillary Clinton hace algunos años: cuando los intolerantes atacan las libertades, las reglas de juego y la democracia, el único camino posible es empoderar a los ciudadanos. Y eso se logra con las humanidades. El futuro de la educación y de la ciudadanía se define entre empatía y humanidades como antídoto a la violencia, la intolerancia, el fundamentalismo y la ausencia de perdón.

jrestrep@gmail.com Twitter: @jrestrp

 

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