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La economía bien y el país despelotado

21 de diciembre de 2013 - 06:00 p. m.

Hace años el entonces presidente de la ANDI acuñó una frase que decía: la economía iba bien y el país mal. Eso, que parecía un contrasentido, se repite.

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Ahora quizás no es que el país vaya mal, sino que parece “despelotado”. Mientras tanto, y a pesar de las diferencias que pueden existir en la interpretación, la gran mayoría de las cifras y hechos macroeconómicos hablan de un mejor país.

Para no ir muy lejos, son destacables los resultados en materia de empleo, formalidad y pobreza tanto relativa como absoluta. Si bien todos ellos podrían verse con el lente del “vaso medio vacío”, con el cual no estaríamos plenamente satisfechos, con la mirada del “vaso medio lleno” la pobreza y el desempleo se han reducido a tasas nunca antes vistas. Por primera vez en los últimos 18 años la informalidad cae, lo que garantiza una mejor calidad del trabajo en nuestro mercado laboral.

Son también destacables los resultados en el crecimiento del PIB, donde a pesar de la crisis global, nuestro país ha logrado mantenerse en tasas del 3 al 4%. Esto contrasta con resultados negativos o casi de cero por ciento en otros países vecinos o desarrollados. Lo anterior se suma a crecimientos altísimos en la inversión extranjera directa que llega al país, los mejores resultados fiscales o la baja inflación.

No es extraño en este escenario oír palabras de optimismo sobre el futuro por personas tan prestantes como nuestro más reciente visitante, Jose Manuel Durão Barroso, presidente de la Comisión Europea, cuando afirma que “Me complace ver que Colombia se muestra, cada vez más, como un actor clave en la región, en el continente y en el mundo”; además reconoció el manejo económico y el compromiso con los derechos humanos y el desarrollo sostenible, asuntos obligados desde la puesta en operación del TLC con la Unión Europea.

Siendo este el escenario, por el otro lado vivimos un país que, si se ve “en helicóptero”, no se pone de acuerdo en políticas de Estado y donde todos los días, al tratar de alinear unos con la paz y otros con la guerra, hacemos distante la posibilidad de lograr un país donde la reconciliación supere los partidos y sea de todos. Pero más grave aún, en este escenario optimista de la economía, los enfrentamientos de los líderes del país y de las propias instituciones se han vuelto permanentes.

De un lado, los expresidentes enfrentados; de otro, los altos órganos de la justicia en “choques de trenes”. Para no ir muy lejos, la Contraloría investiga al fiscal por unos supuestos pagos de uno de sus investigados, la Fiscalía investiga a la Procuraduría por el ejercicio de su responsabilidad legal, la Procuraduría sanciona al alcalde de Bogotá por supuestas faltas gravísimas en su gestión y, de paso, la Auditoria General de la Nación investigan a la Contraloría por supuestos hallazgos penales con implicaciones disciplinarias en contratación.

Alguien tiene que poner orden en este escenario, porque estamos deteriorando la institucionalidad. Los actores que ejercen la justicia deben actuar, sin ningún interés pendenciero o político. De no hacerlo ponemos en riesgo los buenos resultados de la economía, el camino para que el país sea en 2050, como dijo el expresidente del HSBC, una de las 30 más importantes economías del mundo.

DE POSTRE

Ahora que se acerca Navidad, sea esta una buena oportunidad para desarmar los odios y rencores, y construir de verdad un país armónico y orientado a un mejor escenario donde brillen la equidad y la justicia social. ¡Feliz Navidad!

 

* José Manuel Restrepo Abondano

jrestrep@gmail.com / @jrestrp  /

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