Y sucedió lo que tenía que suceder en Grecia. El Partido Izquierda Radical (Syriza) obtuvo la victoria en cabeza de su muy carismático líder, Alexis Tsipras, quien se hizo a la Jefatura de Gobierno con una amplia mayoría también en el Parlamento, que le da una tranquilidad y capacidad de gestión de nuevas políticas públicas en materia económica, pero con una necesaria dosis de moderación.
Y digo que sucedió lo que tenía que suceder por dos razones. En primer lugar, por el sentimiento griego de humillación con las decisiones en Europa, en especial por la presión por ciertas políticas económicas que estaban realizando Alemania y la propia Unión Europea, y que afecta el orgullo griego. Y en segundo lugar, porque el estado de la economía pone a pensar a cualquiera sobre si la receta europea es o no la más acertada o si vale la pena explorar alternativas (De paso este puede ser el inicio de una ola de tránsito a modelos similares en otras naciones de la región).
Cuando en un país desde hace seis años el 10% de la población pierde su empleo, la deuda acumula el 176% del PIB, el 30% de las empresas se cierran, el PIB cae en un 25%, las familias reciben 30% menos de ingreso, las pensiones se caen en un 45% y la pobreza aumenta más de un 90%, es imposible que sus habitantes no quieran o necesiten un cambio de dirección y explorar caminos alternativos.
La realidad europea demuestra que algo está fallando en el modelo económico y que las salidas están siendoinadecuadas. Hoy Europa tiene una economía sumida en bajo o nulo crecimiento, con una inflación cero o negativa. A lo anterior se suman altos niveles de déficit fiscal y deuda pública en algunas naciones, en adición a desempleo y un modelo de bienestar que ya no tiene cómo financiarse.
La reacción inmediata al tsunami griego será la caída del euro, tal como lo anticipó el Banco Central de Suiza, que unas semanas atrás decidió desligarse del euro y tratar de sostener su condición de moneda refugio, su fortaleza contra el dólar y no terminar sumida en un empobrecimiento mayor del euro que les significaba sacrificar sus propias reservas internacionales y sostener ficticiamente una tasa de cambio.
Lo que viene a continuación es mucho de volatilidad en los mercados, pero también la sensatez de que el pragmatismo es indispensable en momentos como este. Tsipras tendrá que seguir negociando con Europa y sabrá que las políticas macroeconómicas no pueden ser alocadas. Pero Europa debe también entender que es necesario explorar alternativas distintas de solución a su propia crisis. En el pragmatismo, Europa debe acordarse de que es también el gran acreedor de los griegos. Y Grecia debe aceptar que sin el euro, sin Europa y con su muy pobre sector productivo es imposible salir adelante.
En este escenario bien vale la pena explorar si la receta de reducir el gasto público y aumentar la política monetaria es suficiente para sacar a Europa adelante. Un escenario como el que se vive hoy allá se parece a la históricamente descrita Trampa de la Liquidez, donde la política monetaria se vuelve inefectiva y la política fiscal es la única que funciona.
¿No será entonces este el momento para que Grecia pruebe una salida distinta por la vía fiscal, que de funcionar, pueda ser un camino para toda Europa?
Nada fácil la tarea de Tsipras, que requiere mucho equilibrio, moderación, visión y valentía. DE POSTRE: Viene haciendo carrera la tesis según la cual las 10.000 becas del Gobierno Nacional a estudiantes no son una verdadera revolución y de paso este argumento viene con la descalificación de la política, porque los jóvenes mayoritariamente escogieron universidades privadas. Un solo sueño cumplido es un logro suficiente de revolución educativa y de repetirse esta política semestre
tras semestre, tendrá un enorme impacto en el país. Adicionalmente el programa supone el tránsito de un modelo de subsidios de oferta a uno donde existen también subsidios de demanda que suelen ser muy efectivos en el bienestar e intereses de los consumidores y en algunos casos más eficientes.
José Manuel Restrepo Abondano*
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