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Marihuana: la mata que mata, ahora sana

29 de abril de 2017 - 09:00 p. m.

Dice la literatura en psicología que la resiliencia es esa capacidad que tenemos los seres humanos para superar situaciones difíciles, no necesariamente como resultado de una cultura particular o de nuestro ADN, sino de un genuino esfuerzo personal y comunitario en el que los desafíos enfrentados o nuestro propio propósito o sentido de vida nos llevan a superar la mencionada adversidad y hacer de ella verdaderamente una oportunidad.

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Esto mismo se ha analizado para el caso de las naciones. Es sorprendente ver, por ejemplo, países o regiones del mundo (incluyendo ejemplos en nuestro país) que a pesar de adversidades naturales, logran salir adelante y con el paso de los años son hoy ejemplo de desarrollo y de prosperidad.

En este camino de superación de la adversidad, las naciones hacen uso de sus recursos humanos, culturales, naturales o sociales. Colombia, con más de cincuenta años en un conflicto absurdo, aspira ahora a dar un paso adelante, para lo cual requiere del concurso de todos esos recursos. Justo por ello da tristeza percibir (independientemete de las razones que hayan llevado a ello) la apatía de tantos colombianos a la importancia de ver los avances del proceso de paz mismo, entre otras para por lo menos solicitar agilidad o mejoramiento en su implementación. Tenemos que darnos la oportunidad de exigir una buena implementación, pero tenemos que darnos la oportunidad de construir esperanza en el futuro de una nación en paz.

Uno de esos medios a través del cual podemos aprovechar oportunidades en esta nueva realidad de país es la ya autorizada producción de marihuana con fines medicinales. Hace dos semanas, Colombia legalizó la marihuana medicinal en el país, para poder producirla, comercializarla, en un hecho histórico que además nos deja como nación a la vanguardia del mundo en materia de regulación sobre este asunto. Hoy varias naciones tienen restricciones, pero no pasará mucho tiempo para que se abran oportunidades de mercado gigantescas para este producto.

Muchas personas en el mundo hacen uso del producto, para aliviar y tratar el dolor, para enfermedades gástricas, intestinales y cardiacas, para tratar el alzhéimer, para reducir los impactos negativos de la quimioterapia, para tratar temas de insomnio, migrañas, agitación en pacientes con demencia, entre otros usos. En EE. UU. ya son 23 estados los que utilizan el producto con fines terapéuticos y se estima que para el 2019 esta industria podría mover más de 10 billones de dólares. Si a esto le sumamos el crecimiento natural del consumo, el mercado ya existente en numerosos países europeos y la aparición de nuevos mercados en el mundo entero (incluyendo el mercado interno), algunos llegan a estimar que este negocio podría representar en el futuro casi 50 billones de dólares para un país como el nuestro. En solo tres años, entre el 2011 y el 2014, según la OMS, el consumo de marihuana con fines medicinales pasó de 20 a casi 80 toneladas. Prudente es decir también que en el uso medicinal, su impacto por dependencia es mínimo, como lo demuestran decenas de estudios y claramente muy por debajo de otros opiáceos que como la morfina se usan desde hace mucho tiempo para tratar dolores sin la animadversión que genera el cannabis.

Curiosamente todos recordamos de hace algunos años la propaganda según la cual el cannabis (nombre científico de la marihuana) es la “mata que mata”. Pues bien, resulta que ahora estamos redescubriendo que la mata, bien administrada, es también un instrumento muy valioso para la salud de muchos seres humanos y además se convierte en una gran oportunidad económica para un país como Colombia. Una estimación a largo plazo anticipa que podría representar uno de los renglones de exportación mas importantes del país, que además aprovecha ventajas competitivas obvias en relación con otras potenciales naciones productivas como Kenia, Ecuador o Perú.

Es de celebrar que con avances como este, estamos dándole vida a reconocer que en el escenario del fin del conflicto, históricos problemas o causa de dificultades, son hoy oportunidades que nos habrán de permitir crecer más y lograr desarrollos sociales. El uso autorizado de cannabis con fines medicinales es un buen ejemplo de resiliencia.

jrestep@gmail.com / @jrestrp

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