Dos de los avances más importantes del país en los últimos 15 años han sido la construcción de clase media y la reducción de la pobreza absoluta y relativa.
Efectivamente la pobreza monetaria se redujo del 49,9 en 2002 al 28% en este año, y más importante aún, la pobreza extrema cayó del 17,7 en 2002 al 7,9% en 2015. De igual forma, el subproducto más efectivo para el crecimiento del país de lo anterior es el comportamiento de la clase media, la cual ha pasado del 16,3 en 2002 a más del doble en este año. Y si consideramos también la que se denomina clase vulnerable o emergente (que recién sale de la pobreza relativa o absoluta), efectivamente la clase media ya supera a más de la mitad de la población del país.
Crecer en clase media ha sido el motor para que nuestra economía desarrolle una mayor capacidad de consumo. Sólo en el último trimestre en que se midió el crecimiento del PIB, éste estuvo soportado en más de un 70% en el aporte de hogares que tienen alta correlación con el crecimiento de dicha clase social. En palabras de un experto en consumo como Camilo Herrera, director de Raddar, “estoy seguro de que el gasto de los hogares salvará la economía este año” y posiblemente lo podría hacer también en 2016.
Sin embargo, es bueno señalar que en dicho logro existen riesgos de retroceder muy fácilmente. Como lo señala la investigadora Olga Lucía Acosta, de la Cepal, “Colombia ahora requiere sostener a la gente que ha sacado de la pobreza y evitar que problemas de precios y fluctuaciones económicas puedan alterar la lucha contra la pobreza”. En otras palabras, hay una clase media emergente que es muy vulnerable y que supone especial atención.
La clase media es altamente dependiente de generación de empleos estables y con seguridad social. Supone compromiso activo con el acceso a servicios educativos y de salud de calidad, exige de la política pública mayor apoyo a la generación de empresa y respuesta a sus necesidades de vivienda digna. La clase media también afortunadamente es más deliberante y se expresa con fuerza cuando encuentra gobiernos corruptos, cuando no se ejerce adecuadamente la justicia o cuando sufre del pequeño delito en sus lugares de residencia.
Crecer con la clase media es entonces un gran avance de la política económica colombiana, pero viene con condiciones y exigencias, que de cumplirse a su vez nos permitiría construir una sociedad más desarrollada, pero que de no hacerlo pone en enorme riesgo la estabilidad de la sociedad misma. Justamente aquí es indispensable responder a dichas exigencias y más en momentos como el actual, en que vemos con preocupación el deterioro de los indicadores macroeconómicos y de la propia confianza en las instituciones y en el futuro del país.
Algunos desde la perspectiva ideológica, populista o política prefieren no tener clase media y de pronto perpetuar y multiplicar la pobreza, porque ella es manipulable. Enhorabuena construimos una clase media que no sólo mejora los ingresos, sino que supone más oportunidades de acceso a servicios básicos y exige más de la democracia y de la provisión de bienes públicos.
Entre los retos que esta transformación nos trae están dos que merecen especial atención. El primero es cómo lograr progreso equitativo entre las distintas regiones del país para crecer con dicha clase social. En esto bien vale la pena repasar el más reciente informe de progreso social, que pone de presente gruesas diferencias regionales en donde un factor clave de explicación es el acceso a oportunidades (como la educación superior). El acento sobre el desarrollo equitativo regional se convierte en una oportunidad de mejoramiento como nación.
Y el segundo comentario es insistir en programas como el del “Ser pilo paga 2” o el fortalecimiento de la educación terciaria (educación técnica o tecnológica) y similares, que representan apuestas de largo plazo para igualar las oportunidades.
Bienvenido el crecimiento de la clase media, pero para no sacrificar el logro es necesario preparar desde ya políticas que verdaderamente igualen y amplíen las oportunidades de empleo formal, educación de calidad, desarrollo regional y emprendimiento.