Si bien nos hizo falta saber en qué quedaron las locomotoras del gobierno inmediatamente anterior o si superamos la metas previstas, es definitivamente audaz y arriesgado el identificar ahora tres tremendos “trenes bala” como los pilares del nuevo gobierno Santos.
Y es audaz y arriesgado porque es justamente en esos tres compromisos donde nos cuesta más trabajo lograr avances. Quizás el más fácil de lograr sea la firma de un acuerdo de paz con la guerrilla, independiente que sean algunos frentes o un acuerdo que sólo desmonte el aviso de las Farc. Es también audaz porque los tres pilares van íntimamente ligados. Es difícil lograr la paz sin equidad y sin buena educación, y es también imposible lograr más equidad en el país si no logramos la paz y damos educación de calidad. Los logros de uno y otro están tremendamente conectados. Pero es aún más audaz y arriesgado en educación por cuanto el Gobierno se ha comprometido con ser el país más educado de la región y allí los resultados esperados van a ser bastante más complejos de alcanzar. Con algo de realismo, y posiblemente previendo que no es tan fácil de lograr en cuatro años, estas metas se fijan para el año 2025, es decir, casi dos gobiernos después de este, que arrancó el 7 de agosto. De aquí a allá no sabemos entonces a quién tendremos que evaluar por los resultados.
Suponiendo entonces que nos fijemos metas volantes en este propósito de Estado de tres gobiernos, es bueno reconocer que el camino requiere trabajo y sobre todo recursos. Los compromisos adquiridos hablan de educación preescolar al 100%, dignificar y elevar la calidad de los maestros, fortalecer los centros de formación técnica y tecnológica, formar en los más altos estándares de calidad a científicos, ingenieros y empresarios bilingües, crear 400 mil cupos gratuitos en educación superior para lograr una cobertura del 56% en 2018 y 84% en 2034, fortalecer el Sena como “joya de la corona”, y garantizar educación gratuita y en jornada completa en la básica y media.
Sin duda todos esos retos son un camino a elevar calidad y recogen en alta proporción las metas que un país debe tener para ser el más educado de su región. La pregunta de fondo es el cómo lograrlos, en términos de recursos humanos, financieros, de voluntad política y de capacidad de ejecución. Por el desempeño de las locomotoras del plan anterior, sólo aquellas en las que hubo real voluntad política, presupuesto y capacidad de ejecución (vivienda por ejemplo), se pudieron lograr resultados importantes. Allí está el reto de la nueva ministra de Educación, que viene con las suficientes ganas, credenciales y resultados de gestión de actividades públicas anteriores.
Pero no nos descuidemos, esto requiere de sociedad civil presionando a otros actores de política pública a arriesgarse a invertir en el sector. Presionar a Hacienda por ejemplo a que entienda que esto requiere recursos que ni son marginales ni son menores. En Chile, la presidenta Bachelet está aprobando sólo 3 puntos porcentuales del PIB adicionales para su plan de educación. En Uruguay se duplicó el gasto público en educación para alcanzar el propósito de ser uno de los países más educados de la Región. Y en Colombia, lograr lo que dijo el presidente nos puede costar entre 40 y 50 billones de pesos, que significa aumentar en un 50% el presupuesto del año 2014 en educación (que de hecho es un 40% más que en 2013). Y esto significa que el gasto en educación suba de un 4,5% del PIB a casi un 7%, lo que puede representar solo en este tema una reforma tributaria.
Si queremos ser el país más educado de la región, eso significa superar los discursos bonitos, inyectarle recursos al sector, garantizar que sea un gasto efectivo (no en burocracia) y comprometerse a que dichos recursos sean sostenibles en el tiempo. Lo contrario es lo más parecido a “matar el tigre y asustarse con el cuero”.
Bienvenida la educación como pilar del nuevo mandato de gobierno, pero como sociedad civil exijamos los recursos y la prioridad que esto implica.
José Manuel Restrepo Abondano *
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