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Pensiones y salud: ¿quién tiene ‘la lleva’?

08 de noviembre de 2014 - 09:00 p. m.

De pequeños solíamos jugar a “la lleva”. Se trataba de nunca llevar “la lleva”, porque si al final del juego la teníamos, éramos los perdedores de la jornada.

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Todo aquel que era tocado por el que tenía “la lleva”, se convertía en la nueva “lleva” y debía desembarazarse de ella tocando a otro jugador.
Como este juego arrancaba en la mañana, siempre el momento final coincidía con la obligación de mamás y abuelas de “ir a comer”, momento en el cual quien llevara “la lleva” era el irremediable perdedor.

Lo que estoy viendo es que en el tema de salud y pensiones parecemos jugando a “la lleva”. Todos los gobiernos son conscientes del serio problema pensional, muy pocas personas se enteran de la dimensión del problema y, como en el juego descrito, un gobierno trata de desembarazarse del lío para que sea el siguiente el que lo solucione de fondo.

Un buen día no habrá opción de salida y el problema será inmanejable socialmente. Para no ir muy lejos, expertos en el tema estiman que la deuda pensional de hoy se solucionaría con el 200% del PIB. Lo que nadie conoce es dónde se registra esta deuda, porque no aparece en ningún balance o estado financiero de la Nación. Dicha deuda crece a pasos agigantados y en el último año se estiman en $34 billones los pagos anuales para cubrir esta deuda pensional. En el año 2005, dicha suma no superaba los $11,6 billones anuales.

Como resultado de lo anterior, comprende uno que buena parte del problema fiscal que enfrentamos hoy es justamente derivado de una deuda que crece, junto con sus pagos anuales, en forma casi exponencial. No es entonces extraño que impuestos coyunturales se vuelvan estructurales, porque el gasto del país, explicado en rubros como el de las pensiones, son ya un problema serio que año tras año es claramente peor.

Pues bien, algo similar pasa en salud. Lo que era un POS (Plan Obligatorio de Salud) —que sensatamente buscaba satisfacer dicha necesidad y lograr cobertura universal—, por decisiones de las cortes y de la propia justicia se ha convertido en el PIS (Plan Infinito de Salud). Coincido con el ministro Alejandro Gaviria en que Colombia no tiene los recursos suficientes para financiar más allá de su propia capacidad, o en sus elocuentes palabras, parece que “la Corte Constitucional quiere que todos los colombianos coman langosta”.

Es populista, pero no es sensato un sistema de salud que pretende ofrecerles todos los medicamentos, tratamientos y procedimientos de última generación a los pacientes, sin consultar criterios de necesidad, costo-efectividad y oportunidad.

Es imposible para una nación “ofrecerlo todo” sin medición del impacto fiscal de hoy y mañana que esto traerá. En este caso, como en el de pensiones, a nadie le importa si hay los recursos, porque de momento alguien debe responder, hasta que simplemente la capacidad de la Nación para financiar este modelo no exista.

El resultado de estas dos realidades es que la juventud de hoy tendrá que asumir la carga económica y fiscal que esto acarrea y, más temprano que tarde, deberá darle una solución. En pensiones, por ejemplo, es difícil entender por qué sostenemos el modelo de prima media, cuando sabemos que no es sostenible ni financiable.

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Algunos creen incluso que al paso que vamos alguien terminará “echando mano” de los recursos del ahorro individual para solucionar el problema social de quienes en el futuro no puedan pensionarse por el sistema de prima media.

No será entonces este un buen momento para reabrir el debate pensional en el país y el de si somos capaces de sostener un sistema de salud que parece forzado por sentencias judiciales más para Dinamarca que para Cundinamarca.

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Como en el juego de “la lleva”, pueda ser que no nos llamen a comer muy pronto. Mientras nos llaman, la sugerencia es que los capitales políticos son para gastárselos en políticas que construyan largo plazo, y si no lo hacemos en materia de pensiones y de salud, de continuar en miradas cortoplacistas y populistas, quizás no lleguemos nunca a ese largo plazo y no tengamos qué comer.

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