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¿Política monetaria y fiscal para dónde?

02 de abril de 2016 - 08:42 p. m.

El FMI, a través del número dos de su organización, advirtió al mundo sobre serios riesgos para el crecimiento de la economía mundial.

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Esta persona, David Lipton, se atrevió incluso a afirmar que hay riesgos más “pronunciados” que antes y llamó la atención a los países emergentes sobre una oleada de retiros de capitales de dichos países. Por esta razón la previsión de crecimiento para el mundo se ubica en 3,4 %, derivado de la desaceleración de China, la caída de los precios de los bienes básicos y las tensiones internas propias de los países emergentes. Otro de sus funcionarios más importantes para el hemisferio occidental, Alejandro Werner, señaló que incluso en el mes de abril debe seguirse revisando dicho dato a la baja, y en el caso de América Latina se espera incluso un crecimiento negativo de -0,3 %, derivado de la caída de los términos de intercambio, la incertidumbre de la realidad externa, asuntos de choques internos y las crisis políticas y económicas de algunos países.

Lo que sorprende más de las declaraciones del FMI es que no son claras ni las recomendaciones, ni el camino a seguir en el caso de nuestros países. Lipton, por ejemplo, hace un reclamo a los actores políticos a asumir la responsabilidad en el relanzamiento de la economía. Puntualmente recomienda extender esfuerzos de reactivación por la vía de reformas estructurales, política presupuestal activa y hasta política monetaria más generosa. Se refiere el representante del FMI a aumentos en el gasto público, reducción de impuestos y seguramente a más heterodoxia en el manejo de tasas de interés. Alguien podría afirmar que estas recomendaciones parecen más orientadas a los países desarrollados que a los emergentes, donde no se viven fenómenos de crecimiento de precios; sin embargo, Lipton, no hace la diferencia.

Algo de lo anterior se viene practicando en Europa con la reciente decisión de bajar las tasas de interés a niveles del 0 %, la expansión monetaria por la vía de intervenciones de compra de activos financieros y en general una actuación generalizada en gobiernos interesados en inyectarle crecimiento al gasto e inversión pública para animar el crecimiento.

Mientras esto se predica en el mundo, en el caso colombiano la recomendación es acompañar los aumentos de tasas de interés y emprender la reforma tributaria. Recomendación que explica la senda de aumento en tasas de interés hasta 6,5 % para controlar la inflación, con el riesgo de, como subproducto de lo anterior, afectar el crecimiento de la economía. Algo parecido a lo que ejecutó Brasil por bastante tiempo y que hoy lo tiene en inflación superior al 10,6 %, tasas de interés de más del 14 % y tasas de crecimiento negativas de -3,2 %.

El dilema que enfrenta nuestro Banco Central no es de poca monta. Tal parece que los aumentos de tasa de interés llegarán rápidamente al 7 %, como lo prevé ANIF, pero no sabremos si ellos son realmente capaces de controlar un problema de inflación de oferta, que tiene su origen particularmente en el fenómeno de El Niño y en un aumento en la tasa de cambio (que afortunadamente comienza a ceder).

Y en el frente fiscal, se anticipan eventuales aumentos de impuestos, que parecen también inquietantes frente a ser contradictorios con las perspectivas de crecimiento de la economía.

Posiblemente la lección de lo anterior es que aquí no hay un camino único y que si bien puede ser conveniente para controlar las expectativas de precios, aumentos en las tasas de interés y para ordenarnos fiscalmente, la redefinición de impuestos y la eliminación de gastos superfluos, es igualmente indispensable el fortalecimiento de programas de inversión pública (como 4G y la construcción) y en el frente fiscal enfatizar más bien en esa inagotable fuente de ingresos que resultaría de controlar la corrupción y acabar con el “carnaval de evasión”, que supera los 50 billones de pesos. Quizás esta última fuente nos ahorraría muchos dolores de cabeza tributarios.

Lo positivo es que aquí parece que no hay receta fija, por lo menos eso se extrae de las más recientes declaraciones de los altos representantes del FMI. Cada país debe cuidadosamente ir midiendo el impacto de sus propias decisiones.

jrestrep@gmail.com / @jrestrp

 

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