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¿Qué hacer con el desempleo juvenil?

21 de mayo de 2016 - 08:34 p. m.

Hay una realidad social muy complicada en muchos lugares del territorio nacional. Me refiero a la situación de buena parte de nuestra juventud que ni estudia, ni se capacita, ni trabaja. Son ellos las personas denominadas NINI, término que es la expresión en español de los denominados NEET: Not in employment, education or training. En el caso colombiano, tristemente algunos de ellos terminan en el delito, la violencia, el microtráfico o similares realidades.

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Hay una realidad social muy complicada en muchos lugares del territorio nacional. Me refiero a la situación de buena parte de nuestra juventud que ni estudia, ni se capacita, ni trabaja. Son ellos las personas denominadas NINI, término que es la expresión en español de los denominados NEET: Not in employment, education or training. En el caso colombiano, tristemente algunos de ellos terminan en el delito, la violencia, el microtráfico o similares realidades.

Las razones por las cuales se llega a esta situación incluyen: el crecimiento en la tasa de desempleo juvenil por ausencia de oportunidades de empleo o empresa; la baja tasa de cobertura en educación básica y media, en especial en el campo colombiano o zonas retiradas del país; la alta tasa de deserción escolar, de nuevo en lugares con altos niveles de pobreza; las barreras formales o informales que establece nuestra normatividad para el acceso al trabajo; la ausencia de oferta de educación terciaria, media técnica y de nivel técnico y tecnológico, sumada a un sector empresarial que no demanda este tipo de formación, porque no tiene la visión sobre su papel e importancia o porque considera que dicha formación es hoy poco pertinente, y los serios problemas de embarazo de adolescentes o maternidad temprana.

En Colombia tenemos 12 millones de jóvenes, de los cuales cinco se encuentran en el estudio o trabajando en el hogar, seis millones ocupados en el mercado laboral, pero hay ya un millón de jóvenes que hacen parte de la categoría de NINI. Lo triste de este asunto es que ese millón de jóvenes, que viene en aumento en los últimos años, es la mitad del total de desempleados en el país, con un agravante adicional: que hay además una inequidad de género mayor en contra de la mujer en dicha estadística, porque más del 60 % de dichos jóvenes son mujeres. Se trata, entonces, de un problema social, laboral, de generación de ingresos y de inequidad de género.

Súmese a lo anterior que también los que están ocupados sufren de informalidad en la vinculación laboral y muchos de los que han logrado acceder a la educación terciaria no encuentran oportunidades laborales (cerca de 400.000), con enormes frustraciones familiares.

Como salida a lo anterior, son destacables los esfuerzos de política pública para eliminar la exigencia de la libreta militar para acceder a un empleo, asunto que se convirtió en una barrera autoimpuesta y enorme (aunque sigue pendiente la eliminación del costo de la misma que para muchas familias o jóvenes, así haya un plazo de 18 meses, se vuelve impagable). De igual forma, el romper el círculo vicioso de exigir experiencia laboral previa como condición de vinculación laboral, y la excepción de la matrícula mercantil o del pago de aportes de seguridad social en retribución por contratar jóvenes, son igualmente medidas interesantes.

Dicho lo anterior, claramente no son suficientes. Como lo expresa el Observatorio Laboral de la Universidad del Rosario, es indispensable avanzar en abordar estrategias que favorezcan el emprendimiento, y lo más importante es reducir los elevados costos tributarios, así como garantizar la estabilidad del empleo con base en dichos beneficios anteriormente expresados.

A todo lo anterior, y entre otros temas, es indispensable agregarle una dosis de pertinencia regional a la educación terciaria (incluida la media técnica, técnica universitaria y tecnológica). Como lo expresan los especialistas en el tema, es indispensable insistir en el desafío de la calidad y la pertinencia en la educación impartida, hacer un énfasis en una educación terciaria con uso activo de tecnologías de información y comunicaciones, propiciar nuevas acciones para innovar en la educación, y educar en la innovación e implementar nuevos espacios de trabajo compartido entre el sector público, el académico y el empresarial para identificar las reales necesidades y posibilidades de unos y otros.

Lo que no puede seguir sucediendo es que para los empresarios, en más de un 50 %, la capacitación que reciben sus empleados no les sirva para nada, como se demostró en una encuesta a empresarios colombianos presentada en uno de los más recientes eventos del Consejo Privado de Competitividad.

jrestrep@gmail.com

Twitter: @jrestrp

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