Posiblemente el primer tema, o asunto central en el futuro próximo del país, es cómo abordar y darle solución al serio problema de déficit fiscal que enfrentamos.
Cómo resolver las finanzas públicas de una nación que vio descender dramáticamente su renta petrolera y que año tras año ha convertido ingresos coyunturales (como el impuesto a las transacciones financieras o cuatro por mil y el impuesto al patrimonio) en ingresos necesarios para sobrevivir, en medio de un gasto que estructuralmente crece más que el ingreso y con necesidades adicionales todos los años de inversión pública para poder ser un país más competitivo y crecer a largo plazo. Todo lo anterior justifica que éste sea justo el primer asunto a considerar en el año 2016 en esta columna económica del Salmón.
Basta simplemente revisar las cifras, los pronósticos del Gobierno o las expresiones de preocupación de la opinión pública y la academia, para constatar que en el tema fiscal hay verdaderamente una Caja de Pandora. Para no ir muy lejos, preocupa que la Asociación Nacional de Instituciones Financieras (ANIF) alertara recientemente cuando compara el manejo de la deuda pública a un esquema Ponzi (Que se puede traducir como una simple pirámide financiera).
ANIF alerta sobre un crecimiento en el porcentaje de deuda pública respecto del PIB que, habiéndose estimado por el Marco Fiscal de Mediano Plazo 2011-2012 iba a descender del 35% al 25% diez años después, la verdad es que sólo transcurridos cuatro años se acerca ya al 40%.
Las dos conclusiones anteriores son el resultado de haber sido demasiado optimistas respecto de la producción y precios del petróleo, así como haber generado déficit primarios que llevan a que se financien intereses con emisión de nueva deuda. Dicho de otro modo, para pagar intereses nos endeudamos más y por ende terminamos pagando más intereses, con el agravante que la composición de deuda pública tiene ahora una mayor proporción en dólares que frente a la volatilidad y dato de la tasa de cambio, hace que su pago de intereses sea más oneroso en pesos y agrave la situación fiscal.
Esta realidad llevó a que el propio Gobierno ajustase la meta de condiciones normales de la economía según la Regla Fiscal, de un déficit fiscal estimado de 2,2% para el 2015, a un 3%, y peor aún, de un déficit previsto para el 2016 de 2,1% a una estimación de 3,6%, que para lograrlo se anuncia además un recorte al gasto de 3,5 billones y un esfuerzo de lucha contra la evasión de cuatro billones de pesos adicionales. Si somos realistas respecto a los anuncios en el pasado de control a la evasión y los logros obtenidos, podríamos decir entonces que hoy el déficit más probable para este nuevo año sería del orden del 4,1%, sin aún haber incluido recursos adicionales que se necesitan para el posconflicto.
En medio de este panorama fiscal, es necesario reconocer que no se puede quedar por fuera lo que la mayoría de documentos técnicos han estimado de ese cada vez más probable costo de los acuerdos de paz que esperamos se firmen en marzo. Es cierto que el presupuesto del 2016 ya incorpora algo para dicho propósito, pero es igualmente cierto que necesitaremos anualmente gastos adicionales del orden de 0,5 a 1% del PIB, que incluyen asuntos de víctimas, reinserción y reintegración, algunos costos adicionales de infraestructura y gastos relacionados con la reforma y reconstrucción rural, aparte de erogaciones para crear capacidades ciudadanas, justicia, inclusión social y desarrollo productivo.
La Reforma Tributaria estructural es una necesidad, pero no puede ni debe ser simplemente un instrumento para cubrir un “hueco fiscal” y mucho menos para sostener un modelo que no será sostenible en el largo plazo. Ella debe darle respuesta a un modelo tributario que motive el crecimiento de la economía, que garantice un sistema progresivo y justo, que no anime la inflación en un momento en que sufrimos inicios de dicho mal y que sea verdaderamente equitativo.
Una reforma tributaria estructural debe además obligar a revisar la estructura de gastos inocuos y debe sincerar nuestra situación fiscal.
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