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“Y ahora prudencia macroeconómica”

27 de septiembre de 2014 - 10:00 p. m.

Hace menos de un mes, dos prestigiosos economistas de la Universidad de Northwestern presentaban dos miradas contradictorias del futuro de la humanidad en materia económica.

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En una esquina el profesor Robert Gordon anticipa que luego de un avance extraordinario en el mundo de la economía, en materia de innovación, ésta última ha perdido fuerza y velocidad. Expresa el autor que la economía del mundo va a caminar a “paso de tortuga” y que será inevitable la pérdida de empleo, salarios estancados y una creciente desigualdad en los ingresos.

De otro lado, el profesor Joel Mokyr visualiza en el futuro una nueva era de inversiones en innovación, incluyendo temas como las terapias génicas, la robótica, la impresión tridimensional y la computación en la nube. Lo anterior implicaría un mejoramiento en las cifras macroeconómicas y mejores condiciones de vida para la sociedad. Estas dos miradas, a pesar de su diferencia, concluyen en que a pesar de lo anterior hoy vivimos mejor que hace 100 o 200 años. Como quien dice, “todo tiempo pasado” no fue mejor.

Pues bien, algo de esa mirada optimista y pesimista del futuro económico de la humanidad se puede trasladar al caso de la macroeconomía colombiana. Mi colega de esta sección de El Espectador, Eduardo Sarmiento, por ejemplo, expresó recientemente su preocupación por la economía colombiana, por el menor crecimiento del PIB en el último trimestre y por el estado de la balanza en cuenta corriente y el déficit fiscal. Otros por el contrario creemos que el resultado del segundo trimestre si bien no es óptimo, puede ser comparado con las más altas tasas de crecimiento del PIB en el mundo (con respecto de países como Singapur, China o India) y se explican por un buen comportamiento de la inversión, el gasto público y el consumo, con destacado comportamiento en el comercio, los servicios y el desarrollo de infraestructura civil en el país. Lo anterior sumado a un muy buen comportamiento en materia de empleo y de reducción de la pobreza y la inequidad.

De pronto, una salida a esta diferencia de análisis se puede encontrar en los más recientes planteamientos del FMI (Fondo Monetario Internacional) que habla de una amenaza mundial en las economías, que generaron recientemente enorme preocupación en los banqueros centrales del G20. Particularmente el FMI llama la atención sobre exceso de riesgo asumido en los mercados internacionales, así como en riesgos derivados de cierta inestabilidad macroeconómica esperada para el año 2015 y algunas turbulencias eopolíticas.

Es necesario reconocer que en buena medida el FMI tiene razón. Ellos anticipan riesgos por muy baja inflación en muchas naciones, asunto que ya se comprueba en la Zona Euro y ahora en EE.UU. (donde la inflación está por debajo de la meta), con riesgo de deflación, asunto este que puede ser peor que una inflación desbordada. De no solucionarse este asunto, será difícil que los gobiernos de países desarrollados eleven su tasa de interés en los próximos meses.

En segundo lugar, el FMI anuncia menor crecimiento en países emergentes y en China, asunto que ya se refleja en los datos más recientes de Chile, México y Brasil, y que más temprano que tarde puede afectar a nuestro país. Lo anterior en parte por menores demandas y precios de los commodities.

Finalmente, el FMI anuncia eventuales problemas de inestabilidad cambiaria por los movimientos de tasas de interés en el mundo y como resultado de amplios déficit en cuenta corriente en muchos de los países emergentes. Hecho este último que ya se presenta en nuestro país.

La realidad es que podemos estar enfrentándonos a un nuevo escenario macroeconómico de menores tasas de crecimiento, devaluación de la moneda, altos déficit en cuenta corriente e inflación moderada.
En este nuevo escenario solamente hay una protección y es el manejo adecuado de las finanzas públicas. Aquí no caben los presupuestos desfinanciados, ni excesos en gasto, y es urgente manejar y prever con cuidado los ingresos fiscales de la nación.
Si queremos pues seguir creciendo a tasas altas, es urgente corregir ambos déficits y garantizar que no haya sectores frenados en el crecimiento como la industria o el agro.


José Manuel Restrepo Abondano

jrestrep@gmail.com / @jrestrp

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