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Y ahora, ¿qué hacer con la economía?

21 de marzo de 2015 - 09:00 p. m.

Los momentos en los que la economía crecía a tasa récord, comparado con sus países vecinos y aun con naciones más desarrolladas, parece que ya terminaron.

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Estos momentos en los que la mayoría de los sectores productivos lograban buenos resultados con crecimientos de consumo interno, de exportaciones y de inversión, parecen ya del pasado. Lo que se aproxima luce más difícil de administrar desde el punto de vista macroeconómico y requerirá más que el destacado esfuerzo de gasto e inversión pública que viene adelantando el país en los proyectos de construcción y obras civiles. Dicen los economistas que después de un ciclo expansivo viene un ciclo contraccionista, y esta no parece ser la excepción. De hecho, normalmente los ciclos de alto crecimiento deben ser justamente utilizados para acumular reservas, generar ahorros y estar preparados para las dificultades que se puedan presentar. En positivo, la economía colombiana ha logrado un sano manejo monetario que representa una inflación baja, ha venido disminuyendo su tasa de desempleo a cifras menores de dos dígitos y ha sabido acumular recursos importantes y organizar la casa en la construcción de infraestructura con recursos públicos. El punto de quiebre a lo que viene no ha sido nada distinto a la dramática caída de los precios (a menos de la mitad) de lo que representa el 50% de las exportaciones del país y una suma cercana al 5% del PIB. Algunos pretenderán achacarles a los TLC dicha situación, pero nada más alejado de la realidad. Los efectos gruesos en la balanza en cuenta corriente se presentan en los últimos meses del año 2014, cuando se evidenció el choque externo. La verdad es que los TLC no han explicado a la fecha ni resultados positivos ni negativos significativos. La caída en los precios del petróleo inmediatamente disparó un déficit en cuenta corriente que no se alcanza a compensar con la importante y afortunada llegada de inversión extranjera al país. Para esos mismos que se sueñan una economía cerrada y casi autárquica, el efecto del choque externo de los precios del petróleo hubiese sido dramáticamente peor, de no haberse construido en el país un ambiente proclive a la inversión extranjera en los últimos años. El resultado ahora es una escasez de divisas, que ha presionado la tasa de cambio (junto con muchas otras y más significativas razones internacionales) al alza. La devaluación de más del 30% en el último semestre es ahora el tema de turno, y equivocadamente para algunos el medio para superar las dificultades y crecer más por la vía de la industria. La verdad es que el efecto tasa de cambio en las exportaciones puede demorarse por lo menos 6 meses más y nunca alcanzará a compensar la caída en las exportaciones petroleras. El dilema que se presenta ahora es que en un escenario de menor previsión de crecimiento y alta tasa de cambio, algunos podrían recomendar aumentar la tasa de interés para ser más atractivos en llegada de divisas. La verdad es que ese camino es equivocado de cara al crecimiento, pues encarecerá el crédito y la inversión privada. Tampoco es sensato un gasto fiscal exagerado, pues presionará aun más la tasa de cambio, y menos pensar que la tasa de cambio puede seguir creciendo indefinidamente, pues la inflación podría crecer (como sucedió coyunturalmente en febrero por un efecto de inflación de costos en dos productos agrícolas puntuales). Finalmente, tampoco parece sensato el cerrarnos al mundo encareciendo las importaciones, que sabemos disminuirán por el menor ritmo de crecimiento y porque sí es conveniente preparar en tecnología, insumos y capital a nuestros empresarios. En este difícil escenario habrá que animar con política exportadora activa la diversificación, eliminando tanta traba no arancelaria y de obstáculos al comercio (que se acaba de demostrar en el estudio del Centro de Comercio Internacional afecta al 42% de las empresas colombianas). De igual forma, hacer fiscal y operativamente más atractiva nuestra nación respecto del mundo, para atraer nuevos capitales del exterior (que compensen parte del déficit comercial) y soportar los momentos difíciles con políticas fiscales responsables y más efectivas, y con algo de política monetaria expansionista. jrestrep@gmail.comTwitter: @jrestrp

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