En la web del Banco de la República se lee el siguiente parámetro de consistencia de su función: «La intervención cambiaria se debe llevar a cabo en forma coherente con la postura de la política monetaria. Así por ejemplo, compras de divisas no se realizan al tiempo con alzas en las tasas de intervención del Banco de la República, y ventas de divisas no se realizan al tiempo con bajas en las tasas de interés del Banco de la República».
Entonces: ¿por qué hoy no se cumple con eso? ¿Quién controla a nuestro Banco Central para que sea consistente? ¿Qué consecuencias tendrá para el país que se vulnere esa necesaria regla de consistencia?
Es contradictorio, por decir lo menos, que nuestro Banco Central aumente sus tasas de interés o precio del dinero, pero que con la otra mano inyecte liquidez diaria de $36.000 millones, como consecuencia de la compra de dólares, equivalente a casi $9 billones de emisión monetaria al año y en contravía de un principio básico de economía, según el cual entre más oferta de un bien, menor es su precio. El mercado no es tonto y por eso, a pesar de la inocua subida de intereses del Banco Central dizque para frenar el crédito, ha decido comprar títulos TES de deuda pública a largo plazo, reduciendo obviamente sus tasas de interés o rendimiento.
Lo que está en juego es la estrategia de inflación objetivo abandonada en varios países, pues está dándose que, a pesar de la liquidez sin precedentes, la inflación no sube. Colombia no es la excepción y exige medidas macroprudenciales complementarias, pero venidas desde el Gobierno, que lamentablemente no frena su gasto público y que, a pesar de los recaudos tributarios récord y las extraordinarias utilidades de Ecopetrol, sigue mostrando déficit fiscal, comprometiendo el largo plazo con un endeudamiento externo históricamente alto y revaluacionista, y con la creación de “agencias” que prometen reducir la pobreza, aunque sólo sea la de sus funcionarios, contratos por abultadas nóminas y que servirán para el proceso de reelección por venir. Creo que tan peligrosa contradicción entre la actitud cambiaria del Banco Central con su actitud monetaria, esconde una política fiscal insostenible que es la verdadera fuente de dicha contradicción.