A pesar de la presión que sobre la inflación total ejercen los alimentos, el Banco de la República se siente confiado de que cumplirá cabalmente con su meta del 3% anual al finalizar 2011, al considerar pasajero el encarecimiento actual de los productos agropecuarios.
Este anuncio busca tranquilizar los mercados, que han empezado a descontar en sus precios una política monetaria menos expansiva para lo que resta del año. Expectativa que también se está alimentando en el mercado internacional, como lo refleja la caída de precio de los bonos del Tesoro Americano, que a diez años ya pagan el 3,64%, desde el 3,4% que pagaban la semana pasada.
La total seguridad de amplia liquidez ha dado paso a las dudas, a pesar de que la mayoría de bancos centrales dicen garantizarla por largo plazo, como es el caso del Banco Central Europeo, que decidió mantener en 1% su tasa de intervención para apuntalar con maniobras monetarias holgadas la tambaleante política fiscal de zona del euro.
En Colombia las acciones bajaron durante la semana en medio de resultados empresariales mixtos y volúmenes de negociación mediocres, mientras que el índice Dow Jones, en Estados Unidos, superó la barrera sicológica de los 12.000, consolidando una tendencia alcista que hace más atractivo ese mercado que el nuestro.
El precio del dólar mantuvo un rango lateral en el que se cruzan los temores de una política monetaria restrictiva con el optimismo de que a Colombia se le otorgue el grado de inversión en el transcurso del semestre. Fuerzas encontradas que se resolverán la próxima semana marcando una tendencia definitiva en la divisa frente al peso.
La confianza del Banco de la República es una postura políticamente correcta, pero no necesariamente la que el mercado escoja. Si internamente la inflación básica (excluyendo alimentos) y la núcleo (excluyendo la quinta parte más volátil) siguen aumentando, y en el exterior los bonos del tesoro mantienen su tendencia alcista en tasas de interés, se puede dar un apretón monetario que afecte negativamente las acciones y los TES, las decisiones de inversión y obviamente la generación de empleo, que sigue siendo la deuda social de los últimos años.
Pero creo que entre controlar la inflación y estimular el empleo, nuestra Banco Central la tiene clara.