Los mercados atienden al desempeño de la locomotora de la economía China, que pareciera estar desacelerando su marcha, sumándose a la profunda crisis europea y reforzando a la zona latinoamericana como un destino atractivo para invertir, fortaleciendo sus monedas e inflando los precios de su finca raíz y de sus acciones.
La desaceleración de China ha sido lenta y gradual, pues en ese país no creen en los chamanes o brujos que pregonan, casi religiosamente, que la mano invisible de la oferta y demanda es más sabia que nadie, y prefieren una planificación central muy estricta.
La economía como ciencia raya en el arte de los chamanes. Como discurso parece acertada con el pasado, pero incierta e imprecisa con el futuro, al igual que cualquier pitonisa, como las consultadas por los más grandes operadores bursátiles en Wall Street, para complementar los análisis de sus sofisticados modelos econométricos que, aunque pueden predecir algunos eventos manipulando escenarios futuros, muchas veces son ignorados por el pálpito político de los gurús que manejan las grandes corporaciones o por las brujas consultadas por políticos de Washington. En Colombia, astrólogos han sido asesores de cabecera de presidentes y ni hablar de los chamanes para controlar el clima.
Al igual que los chamanes oficiales de las tribus, nuestros economistas oficiales también vienen de dinastías, como también los planificadores chinos, ya sea familiares o institucionales, pues tanto los ministros de gabinete como los directores de entidades económicas oficiales tienen como antecedentes que sus padres también fueron gurús del régimen, o fueron instruidos en universidades que, además de monopolizar la burocracia estatal, también capturan entidades dizque independientes, entre las que no sólo se rotan los cargos, sino que también delimitan el discurso a imponer, en una sociedad de mutuo elogio, haciendo ver la economía como ciencia restringida para unos pocos privilegiados.
Lo cierto es que los mercados siguen caóticos y ni calendarios aztecas o brujos universitarios tienen claro qué pasará en este primer trimestre, cuando países como Italia tendrán que pagar compromisos de deuda superiores al tamaño del PIB colombiano en un año y no tiene con qué. Ni el ministro “estrella” ni sus secuaces de púlpito se responsabilizarán si el camino se tuerce, pues “todo será culpa del mercado”.