Niveles mínimos en los mercados accionarios mundiales como los observados este año, acompañados de una vertiginosa recuperación, probablemente no se repitan en mucho tiempo, pues el impulso monetario sin precedentes dado por los bancos centrales en todo el planeta definitivamente despejó las dudas sobre la viabilidad del sistema de libre mercado con intervención activa del Estado.
Sin embargo, la valorización de los activos financieros vista en el año no ha implicado una mejora en la generación de caja de empresas y familias, las primeras porque las ventas siguen flojas y las segundas por que el creciente desempleo y la baja inflación generó un casi congelamiento en el nivel de salarios y por ende en su capacidad adquisitiva que, en un entorno de incertidumbre sobre la fortaleza de la recuperación, probablemente siga evidenciándose en una demanda agregada anclada por lo bajo y sin oxígeno del crédito, que aún no se irriga con fuerza ni a bajo costo.
Colombia salió bien librada en términos relativos, pero se cierne sobre su economía un desempleo galopante, deterioro del mercado venezolano por la tensión política y baja competitividad cambiaria con el mercado norteamericano. Estas señales deben considerarse al momento de invertir en 2010, pues me atrevo a afirmar que no hay mucho valor que recoger en mercados como el accionario y de TES y que justifican en buena parte su alto precio a la incondicional y sostenida expansión monetaria dada por el Banco de la República hasta la fecha y que definitivamente no cambiará en el corto plazo.
La liquidez ha sido el combustible que ha salvado a las economías mundiales, pero es un combustible explosivo con las expectativas de los mercados en caso de que se cierre el chorro. La decisión del Banco de la República de dejar inalterada su tasa en 3,5% anual cerrando año pone de presente su firme interés de controlar cualquier burbuja incitada por una ilusión monetaria creada por su holgura monetaria y dejando espacio para bajar más la tasa arrancando 2010 si la inflación se mantiene bajo control, el crecimiento económico no reacciona y el alto desempleo se mantienen sin señales positivas. Un último sorbo en la cantimplora por si el desierto se extiende más de lo esperado.