Una vez acordado por las mayorías del Parlamento Griego el plan de ajuste propuesto por la Troica Europea, el problema es de la Policía, que tendrá que reprimir la reacción de la mayoría de los once millones de griegos que sufrirán un recorte de salarios del 20%, desmejora de planes pensionales y de salud y un mayor desempleo, que supera el millón de desocupados.
Lo que no logran los argumentos lo lograrán el bolillo y los chorros de agua. Para Grecia es lo mismo que entre en default o no, igual ya están quebrados, y ni siquiera el plan propuesto solucionará el estado de indigencia en el que se encuentran, pues semejante recorte en el ingreso y beneficios sociales sólo ahondará la recesión, que ya entra en su cuarto año, y sin crecimiento, ¿para qué tanto sacrificio?
Lo sucedido es otro ejemplo de cómo la irresponsabilidad de los banqueros la paga el pueblo raso y sin derecho a revirar, pues un últimas, las fuerzas del Estado, capturado por los intereses del sector financiero, imponen a la fuerza la solución, que no es otra que la tradicional socialización de los errores privados. Sin embargo, el minoritario partido LAOS aprovecha para pescar en río revuelto y se opone al acuerdo, no sólo haciendo tambalear el buen desempeño de los mercados en lo corrido del año, sino a la mayoría parlamentaria, que ante el oportunismo y el caos que se desatan, podría retractarse y alargar la tragedia griega, que amenaza con extenderse a países tan grandes como Italia y España, donde las noticias son tan graves que el recién posesión jefe de gobierno, Mariano Rajoy, sólo promete sudor y lágrimas en los próximo años, como alguna vez nos lo prometió un exministro de Hacienda y hoy presidente de Colombia.
Y es paradójico como algunos gobiernos y analistas se indignan, justificadamente, por la represión estatal de los levantamientos civiles en Siria, pero hacen silencio ante la represión en Grecia y hasta la justifican, planteando que es “hora de sacrificios” para salvar la zona euro, al tiempo que no reviran por una reforma financiera que ponga en cintura no sólo las irresponsabilidades de algunos banqueros, sino los abusos de tarifas y artimañas legales de casi todos.