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El drama europeo

21 de mayo de 2010 - 11:21 p. m.

Empezó la etapa de socializar las pérdidas de la crisis financiera en Europa. Hace un año, cuando los bancos norteamericanos casi quebraron, varios europeos recibían el golpe, obligando a sus gobiernos a planes de salvamento con los recursos públicos.

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Hoy, lo que era un pasivo impagable para el sector privado, es un pasivo impagable pero para el sector público, que en cabeza de Grecia, empieza a generar temor en los mercados, y no porque la economía griega sea muy grande, sino porque pone en evidencia que en ese barrio no es el único con problemas.

Ahora bien, muchos se aterran por la caída del euro, derivada de un plan de salvamento que de manera infantil busca solucionar el problema imprimiendo billetes a manos llenas, pero tener una moneda débil es la única alternativa con que cuentan en la Unión para recuperar el empleo que perdieron por la crisis y el fortalecimiento inicial de su moneda frente al dólar americano, el cual fue el primero en apelar a devaluación como táctica de estímulo a su sector productivo.

Si EE.UU., la Unión Europea y China inducen a la debilidad sus monedas para mantener la dinámica de sus economías, ¿dónde refugiarse? Pues parece que América Latina puede ser el destino de la exuberante liquidez con que cuentan hoy los mercados, acentuando la revaluación en nuestro continente y afectando la competitividad cambiaria de la zona, golpeando negativamente sus exportaciones, el empleo y obviamente el crecimiento. Así se recibe indirectamente el golpe de la profunda crisis financiera que empezó en la pequeña isla de Manhattan.

Y no deja de ser paradójica la supuesta inconformidad de Francia y Alemania por la indisciplina de Grecia y la lista de países que hacen fila para recibir recursos del Plan de Rescate, cuando ellos siempre han sido infractores de la disciplina impuesta desde un principio en Maastricht, especialmente en el frente fiscal, que es donde se centran los mayores desequilibrios de esas economías que decidieron, por política de Estado, salvar al sistema financiero internacional con los dineros de todos sus ciudadanos y que ahora son acreedores de Grecia, Portugal, Italia y España, a los cuales, si dejan hundir, se hunden con ellos.

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