Excelente la oferta de acciones que en los últimos meses ha tenido nuestro creciente mercado de capitales.
Davivienda, Conconcreto y Avianca Taca han debutado como primíparas, mientras que Nutresa está en vigencia y próximamente Suramericana de Inversiones, y nuevamente Ecopetrol, buscarán cautivar a los inversionistas. Sin embargo, entre tanta apertura al capital de las empresas, llama la atención la oferta privada de acciones de la Administradora de Fondos de Pensiones (AFP) Protección, que se limitó a sus accionistas actuales, pero que planea una nueva emisión más grande y que espero sea aprovechada para abrir tan importante negocio a los inversionistas, tal y como lo exigía el espíritu de la Ley 100 de 1993 y que ninguna sociedad administradora de pensiones respetó.
La búsqueda de capitalización empresarial mediante emisión de acciones y su buena receptividad en el mercado, son un síntoma de confianza en el futuro, pues es eso lo que se compra con las acciones: futuro. El costo de capital es hoy día muy barato desde la perspectiva de las tasas de interés, y las ventajas tributarias de las acciones en nuestro país hacen de este mecanismo de financiación el más barato en la actualidad.
La coyuntura es propicia, pues los síntomas de aceleración de inflación que se observó en la India, China y Estados Unidos en la última semana, hacen pensar que la actual era de políticas monetarias expansivas podría estar llegando a su fin, con el encarecimiento del costo del dinero y mayores impuestos para subsanar los peligrosos déficit fiscales en que se incurrieron para salvar a la banca y otros sectores económicos en la última crisis financiera.
No solo es teórico, sino comprobado en la práctica, el hecho de que es mediante el ejercicio de hacer empresa que realmente se acumula riqueza. Invirtiendo en CDT o bonos es muy poco probable que su acervo de capital supere el crecimiento económico en su conjunto, mientras que las acciones o valor de las empresas sí pueden catapultar sus ahorros en sendas de crecimiento abrumadoras, eso sí, con el riesgo que implica hacer empresa en cualquier país. Esto último lo saben las AFP, que predican y exigen la apertura y democratización de la propiedad accionaria, pero no la aplican.